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domingo, 21 de marzo de 2010

Historia de Villardompardo y sus personajes durante el siglo XVII.Capítulo IV

Contexto histórico

Comenzamos este año de 1600 con el reinado de Felipe III (foto de abajo) que ya ocupaba el trono desde septiembre de 1598, después de la muerte de su padre Felipe II.

Desde joven dio muestras de su poca capacidad para gobernar, este motivo, unido a su gran afición por la caza, hizo que no dudara en ceder el gobierno a su valido (especie de primer ministro) el duque de Lerma, quien utilizó su poder para enriquecer a sus familiares y a él mismo. En 1618 será sustituido por su hijo, el duque de Uceda, a quien se le recortaron los poderes para evitar la corrupción.
Durante el reinado de Felipe III, España sigue siendo la primera potencia europea, sus posesiones son enormes: España, Portugal y una gran cantidad de territorios de ultramar, pero el mal gobierno y otras circunstancias provocaron la lenta caída económica del país que se prolongará durante todo el siglo XVII
Fue un periodo de relativa paz, debido a los diferentes tratados que se firmaron. Como hecho destacable cabría señalar la expulsión de los moriscos en 1609 del que se vieron muy afectadas las comunidades de Aragón y Valencia por la gran cantidad de ellos que vivían en estas tierras. Se dedicaban al cultivo, sobre todo de hortalizas (huertas). Hubo pueblos valencianos que quedaron totalmente vacíos. En las actas capitulares de Villardompardo de ese año no he podido comprobar que viviera ninguna familia morisca en nuestro pueblo, no se dice nada de ello.

Felipe III murió en marzo de 1621 con sólo cuarenta y tres años de edad y veintidós años de reinado.

Veamos lo que pasaba en aquellos años en nuestro pueblo.

Para ello nos ayudaremos de las actas capitulares existentes en el archivo del ayuntamiento de Villardompardo. La letra aún es difícil de entender, gracias a la transcripción que hizo en su día D. Mariano Sáez, el trabajo es mucho más fácil.

Empezaremos con el cabildo del 8 de enero de 1600 en el que se llegaron a varios acuerdos bastante curiosos, por ejemplo: se ordenó que la puerta del hospital, que se había puesto en la Calancha (así viene escrito en los archivos), sea devuelta a su lugar por haber cesado el motivo que provocó el cambio, recordemos que el hospital (hospedería) se encontraba con toda probabilidad en la calle Atocha.

También se ordenó que se reparase la alberca salada ya que era muy útil para los vecinos porque allí lavaban sus lienzos y también el lavadero (no se especifica en qué lugar se encontraba pero posiblemente ocuparía el mismo sitio que el conocido por todos).

La gran salinidad del agua de la “alberca salada” hace imposible lavar la ropa con jabón puesto que no hace espuma, pero en aquella época se lavaba con greda, tanto la ropa como los utensilios de cocina. La greda es un tipo de arcilla de color blanco grisáceo muy abundante en todo el término, se recogía de zonas cerca del depósito (pozo de los terreros) y cerca de San Roque. Su capacidad de disolver la grasa se debe a su contenido en carbonato de calcio.

El manantial de la alberca salada salía a través de una especie de pequeño túnel abovedado de piedra. Hoy en día se encuentra en un estado lamentable (foto superior).

Otro acuerdo fue el arreglo del puente del camino del Berrueco ya que los estribos estaban siendo carcomidos por el agua.
Por último se nombraron panaderos para que amasaran pan para los vecinos. Parece que no empezó mal el siglo para Villardompardo.
El 19 de Marzo del mismo año se hizo una subasta para las carnicerías del pueblo pero al no haber “posturas” se ordenó que se tomaran 100 ducados para comprar carneros y abastecer al pueblo de carne. Para hacer la compra se nombró a Antón Guijosa por ser hombre hábil en los tratos.

El 28 de Mayo había una plaga de gusano que estaba provocando mucho daño en las encinas de la dehesa, así que se llamó al Licenciado Ortega, Clérigo de Torredonjimeno, para que la conjurase, ya que la dehesa suponía un medio de subsistencia para los vecinos, de ella obtenían leña, caza, y alimento para su ganado que era muy abundante.

En aquella época se conjuraban las plagas, las epidemias y todos los males posibles, no se conocía otro remedio.

En el cabildo del 29 de Junio se declara una epidemia de peste por lo que se endurecen las penas a aquellas personas que no cumplan las medidas que el ayuntamiento había dictaminado. Sólo se deja la puerta del castillo para la entrada y salida de las personas del pueblo.
No debemos entender como “puerta del castillo” la de la fortaleza, sino alguna otra que existiría y serviría de entrada al pueblo, eso sí, muy cerca del castillo. Sin duda el conde no querría tener cerca de su residencia la entrada de posibles enfermos, así que en el cabildo del 20 de agosto se ordena el cierre de esa puerta y en su lugar se abre la de la Calancha, a la cual se le pone un guarda para que vigile cuáles son las personas que entran y salen del pueblo. La casa del presbítero, que estaba en la “plaza del palacio” (seguramente se refiere a la actual Plaza del Castillo) había quedado fuera de la cerca por lo que se ordenó levantar una tapia para que dicha casa quedara dentro.

En aquella época eran muy frecuentes los brotes de peste, de hecho hubo varios durante el siglo XVII, la medida más común era cercar los pueblos que carecían de murallas como el nuestro, y dejar algunas puertas para controlar la circulación de personas. Un pueblo pequeño y pobre, como era Villardompardo, no podía permitirse el lujo de levantar murallas de piedra, así que la cerca se reducía a unas tapias que cerraban las calles que daban al campo y se colocaban puertas en ellas, las tapias de los corrales que daban a las afueras servían asimismo de cerca, y se penalizaba a los vecinos que permitían el paso de personas forasteras saltando las paredes de dichas casas.

En el cabildo del 19 de Septiembre se ordena la reparación del camino que va a la villa de Escañuela por encontrarse intransitable debido a los atascaderos, sobre todo por la pasada del salado, así que se decide “adobar “ (arreglar) dicho camino en el tramo que va desde el arroyo de las Pilas (posiblemente se refiera al arroyo la Maestra) hasta el término de Escañuela y que se aderecen las pasadas del Salado repartiendo peones entre los vecinos. En los archivos de esta época se hacen muchas referencias a los problemas causados por las lluvias en los caminos y en el salado.
Me ha extrañado que se hable de la pasada del salado para ir a Escañuela, tal vez se utilizara el camino del Conde para ir al pueblo vecino en lugar de la carretera actual.

El 1 de noviembre se hace mención por primera vez a un maestro de primera enseñanza. Se nombra a Diego González Hidalgo por ser hombre ”hábil y de buena pluma” para que enseñe a leer y escribir a los hijos de los vecinos de la villa. El cabildo acuerda pagarle 100 realas anuales que se les abonarían de forma repartida cada cuatro meses (ya sabéis quién fue el primer maestro de Villardompardo).

En Diciembre de 1600 vuelve a haber problemas con los puentes del Salado y del Tarahal y se ordena su arreglo. El puente del tarahal, después de consultar algunas fuentes, he llagado a la conclusión de que era el puente “Del Villar” el de la fábrica vieja (foto del margen). En aquella época no era de piedra como el que conocemos actualmente que se construyó en el siglo XIX, para evitar precisamente los problemas con las riadas.

Algo muy curioso que ocurre en este mes es la compra de dos casas en la plaza para hacer las “casas del Cabildo” (el ayuntamiento), la Cárcel y el Pósito. El Conde ofreció cuatro rollizos (palos) muy apropiados para la obra.

El cabildo (ayuntamiento) y la cárcel ocupaban el mismo solar que en la actualidad y el Pósito ocupaba el mismo lugar que el actual edificio de usos múltiples (consultorio). Ya veremos en otros capítulos como el ayuntamiento sufre continuas reformas por encontrarse en mal estado o por diferentes derrumbes, por ejemplo, alrededor de 1750 se encontraba sin tejados.

En enero de 1601 se había sacado piedra de la “Hoya Marta y Cantero, junto a San Sebastian” (no he podido averiguar dónde está ese lugar) y mandaron que dicha piedra se trajera a la plaza de la villa y se subaste la obra de la casa consistorial para que la hiciera el que más bajo pujara.

El 23 de Noviembre de ese mismo año se hace referencia al fallecimiento de Doña Isabel Osorio de Carvajal, esposa del Conde de aquel momento, D. Juan de Torres y Portugal, se acuerda en el cabildo de ese mismo día se hicieran las diligencias necesarias para disponer sus exequias en la iglesia parroquial de esta villa.

No se hace referencia a que Doña Isabel fuera enterrada en Villardompardo, tal vez se trate de un funeral hecho en la iglesia del pueblo, pero no de cuerpo presente. El nueve de diciembre se tiene noticia de un nuevo brote de peste en Córdoba por lo que se toman todas las medidas oportunas. Aunque el pueblo ya estaba cercado, se ordena el cierre de algunos portillos que se habían hecho para la salida y entrada de gente.

En muchos cabildos de principios de este siglo encontramos la firma del conde, que lo hacía como “Conde del Villar” (foto del margen) no como D. Juan de Torres y Portugal, tras su muerte no se observa ninguna firma de sus descendientes. Por ello debemos entender que debería presidir muchos cabildos y tal vez fueran muy frecuentes las estancias en el castillo, cosa que no harían sus descendientes.


En los cabildos de 1602 no se toman acuerdos importantes o que nos llamen la atención, sólo se nombran algunos cargos como el de alguacil menor, a Alonso González Lombardo, nombrado directamente por el conde. Otro nombramiento era el de “Cogedor de la Bula de la Santa Cruzada”. La bula era un impreso de origen pontificial (papal) y que todos los años era vendido a los habitantes del pueblo que lo deseaban, la compra de la bula ayudaba a la obtención de la Gracia Divina, es decir, comprando la bula era más fácil conseguir la vida eterna cerca de Dios. Todos los años se nombraba a una persona del pueblo para vender la bula, el dinero recaudado era enviado a la diócesis para ser utilizado en la evangelización de los indios de América.

Otro cargo era el de “Veedor de los panes del campo” que se dedicaba a revisar las tierras que se habían sembrado de trigo, otro era el de guarda del ganado, etc.

Algo que sí nos llama la atención es un acuerdo por el que se fijan los salarios de las diferentes categorías profesionales en Villardompardo. Estos serían:

- Los gañanes de manijería ganarían doce reales al mes y no más.
- Los que araren a jornal han de ganar un real cada día y no más.
- Las demás personas que fueran a hacer otros trabajos como cavar, escardar u otra cosa, desde mediados de septiembre hasta mediados de marzo, ganarán real y medio cada día, y a partir de esta fecha hasta mediados de junio ganarán dos reales diarios, y desde mediados de junio hasta mediados de septiembre ganarán tres reales al día y no más.
- Desde mediados de junio hasta mediados de septiembre, los salarios para otras profesiones y categorías fueron los siguientes:
- El carretero, catorce ducados y no más (no se especifica si es al mes o toda la temporada de tres meses)
- Los mozos menores de 16 años ganarán tres ducados por toda la temporada y no más.
- Los maestros de almiares tres reales cada día.
- La persona que “trujere” un par de mulas desde mediados de septiembre hasta mediados de junio, ganará 16 reales cada mes.
- El maestro de albañil o yesería, dos reales y medio cada día y de comer.
- El cirujano Miguel Lombardo debería llevar por cada sangría seca medio real, y la de agua un real. Por cada ventosa sajada, medio real y por cada ventosa cerrada un cuarto. Por sacar cada quijar (muela o dientes) medio real. Además de todo ello el ayuntamiento le pagaba su salario anual. ¡Lo que deberían doler todas esas cosas sin anestesia! Y encima se le pagaba.

●Equivalencia monetaria: un ducado valía once reales de vellón, y un real de vellón equivalía a treinta y cuatro maravedís, y para entendernos, un real de vellón equivalía a veinticinco céntimos de peseta. Y una peseta a menos de un céntimo de Euro. Si trasladásemos aquellos sueldos a la moneda actual serían auténticas miserias, por ejemplo, un sueldo diario de tres reales de vellón seria algo menos de medio céntimo de Euro, pero claro, estamos hablando de hace cuatro siglos.


Pasamos directamente a 1606, así que hay un salto de cuatro años en las actas capitulares, cuatro años en los que no sabemos nada de lo que pasaba en el pueblo. A partir de esta fecha no vemos la firma del Conde de Villardompardo en las actas capitulares.

El primer acuerdo al que se llega en este año fue una serie de normas que dio el mismo conde para que los caudales del pósito de las villas de Villardompardo y Escañuela estuvieran bien gobernadas. También se da la orden para que se reparase una pequeña casa cerca del corral del concejo ya que era inhabitable.

Se fija el salario del pregonero en 12 ducados anuales, es decir, más que al maestro porque al transformar el sueldo a reales resulta que el maestro cobraba 100 reales y el pregonero 132.
En este mismo año vino al pueblo una compañía del ejército capitaneada por el Capitán Escobar, el concejo tuvo que pagar los gastos de cebada que consumieron las cabalgaduras y que ascendió a doce reales por la fanega y media que comieron.

En aquella época también era muy importante medir el tiempo. Había un reloj, supongo que en la torre de la iglesia, que había que cuidar y tañer (tocar) a la hora de la queda. Se nombró al sacristán Alonso Guijosa para cuidarlo. Su salario quedó fijado en 12 ducados anuales por su cuidado y 3 ducados por tocar en la queda.

También se acordó pagar al sacristán 19 reales que se le debían por las fiestas que el concejo organizó en honor de San Roque y de San Cosme y San Damián. Estos festejos se realizaban todos los años por promesa del Concejo, está claro que las de San Cosme y San Damián terminaron desapareciendo de Villardompardo pero no en Torredonjimeno donde aún se celebran. Hasta ahora no he podido encontrar ninguna referencia a las fiestas patronales en honor a San Francisco de Asís y la Virgen del Rosario, seguramente se instauraron más tarde.
En este mismo año vinieron unos hombres de Arjonilla para ver si era posible fabricar tejas en esta villa, el concejo le pagó 17 reales por el gasto del viaje y manutención. No se hace referencia a si se montó el taller para la fabricación de tejas o no se hizo.

En el siguiente año de 1607 se toman pocos acuerdos de trascendencia. Además del nombramiento del cogedor de la Bula de la Santa Cruzada, como todos los años, se nombra al nuevo cirujano sangrador, cargo que recae en Miguel Lombardo y que cobrará 9 ducados anuales. También se nombra a Juan de Hoya como alcalde de la Santa Hermandad (recordemos que era una institución para guardar los caminos de maleantes) y a Bartolomé de Morillas (su firma al margen) como escribano de los cabildos del Villar y Escañuela. Desde que este señor entra a ocupar el cargo de escribano se aprecia una mejoría en la letra haciéndose mucho más legible.

En octubre de este año se decide repartir la tercera parte de los caudales del pósito entre los labradores de la villa para mejorar su situación.

En 1608 además del nombrar al cogedor de la bula y de obligar a Juan de Medina a tener bien abastecido el estanco del aceite, se hace mención a una gran sequía que se venía padeciendo desde hacía varios años por la cual muchas personas murieron de hambre, así que el cabildo acordó roturar parte de la Dehesa de la Carnicería, recordad que ocupaba la zona de Picayuelo (foto), Barrancón y Cerro la Zahúrda, y que se sortearan las parcelas entre los habitantes que las puedan labrar bien. También se pidió al señor conde que hiciera la merced de ayudar con 28 ducados de sus propios y rentas para guardar los ganados concejiles debido a la pobreza que este concejo tenía.

También se llegó a un acuerdo para mantener al pueblo abastecido de carne.

En 1609 hay muy poco que destacar, sólo el recibimiento de Juan López, vecino de Archidona, que desempeñará el oficio de pregonero.

En 1610 el Señor Conde prohíbe a los oficiales del concejo otorguen vecindad a las personas de otros pueblos que lo soliciten a no ser que sea con su consentimiento. Este año entra a formar parte del vecindario de nuestro pueblo D. Juan Galán Cañadilla del Castillo Locubín cuyo fiador fue Pedro Hernández Armenteros (el fiador era la persona que se hacía responsable del nuevo vecino dando garantías de su buena reputación).

En el cabildo del 21 de Marzo de 1612 se comunica la muerte del Señor Conde D. Juan de Torres y Portugal (II Conde de Villardompardo) por lo que su hijo también llamado como él (recordemos que en algunos documentos viene como D. Juan Antonio de Torres y Portugal y Suárez de Mendoza) ordenó al cabildo que se saquen lutos por la muerte de su padre.

Luego, hay un par de cabildos más, uno del 20 de Agosto en el se recibió como vecino a Lázaro Sánchez y otro el 14 de octubre en el que se nombra al nuevo alcalde ordinario, regidores y alguacil mayor. Como curiosidad diré que entre los cargos más importantes del ayuntamiento de aquella época, abundaban mucho apellidos como: Moya, Molina, Soto y Armenteros (algunos de ellos ya no existen en el pueblo, otros aún siguen siendo abundantes).

A partir de aquí hay un enorme salto en las actas capitulares ya que la siguiente está fechada en 1674, es decir hay un salto de 64 años en los que no sabemos nada de lo que ocurrió en nuestro pueblo.
La falta de actas capitulares se podría deber a dos motivos: el primero sería simplemente la pérdida de las actas después de tantos años, y el segundo motivo podría ser la dejadez de aquella época, ya que resulta extraño que justo después de la muerte del II Conde de Villardompardo dejen de redactarse, debemos recordar que el III Conde vivía en Madrid y se desvinculó bastante de nuestro pueblo, no asistiendo a los cabildos, con lo cual se relajaron los deberes de los funcionarios del ayuntamiento. Por otro lado, las actas vuelven a redactarse cuando se hace obligatorio el papel sellado. Como se puede observar en la foto de arriba, el papel sellado era un folio con un encabezamiento ya impreso en el que se refleja el año, además había que pagarlo (arriba pone el precio) era algo parecido al papel del estado que utilizamos en la actualidad. El uso del papel sellado tenía dos fines: el primero darle oficialidad al documento que aparecía escrito en él y el segundo, mucho más importante, era una forma de recaudar impuestos para la maltrecha corona española.

En el próximo capítulo acabaremos con el siglo XVII y comenzaremos con el XVIII donde hay muchísima información de nuestro pueblo, gracias al Catastro del Marqués de la Ensenada.

CONTINUARÁ

Fuentes consultadas:

● Archivos Municipales (caja 507) :Actas Capitulares originales.
● Extractos de las Actas Capitulares, transcritas por D. Mariano Sáez Gámez.
● Algunas páginas de Internet sobre Historia de España.
● Algunas personas mayores del pueblo, que son los que más saben.
● Fotos del autor, excepto la del pilar con los mulos bebiendo agua, cedida por Mª Pepa Gómez.


Carlos Ramírez Perea
Copyright Carlos Ramírez Perea 2010.

viernes, 23 de octubre de 2009

Historia de Villardompardo y sus personajes durante el siglo XVI.3ª parte

HISTORIA DE VILLARDOMPARDO Y DE SUS PERSONAJES DURANTE EL SIGLO XVII

Capítulo III

Durante el siglo XVI, los gobiernos de los grandes Austrias, Carlos I y Felipe II, hicieron de España la nación más poderosa de Europa, pero las guerras que mantuvieron en el continente, sobre todo Felipe II, hizo que la monarquía se debilitara y durante el Siglo XVII se inicia un periodo de decadencia económica y social que culminará con la pérdida total de las posesiones españolas en Europa con el Tratado de Utrecht.

Para colmo de males, los reyes que gobernaron durante este siglo (Felipe III, Felipe IV y Carlos II) ceden su poder a una especie de primer ministro llamado Valido, que hacía y deshacía a su antojo, con lo que la corrupción se generalizó a todos los niveles. Era la época de los pícaros, de los hidalgos sin fortuna y como no… de grandes artistas, fue el Siglo de Oro español.

Esta decadencia se notaba en las ciudades, en los pueblos, en las aldeas y también en nuestro pueblo. Los Condes de Villardompardo se fueron a Madrid, como otros muchos nobles, buscando la influencia de la corte. La administración de sus posesiones las delegan a sus administradores y arrendatarios, las decisiones que se toman a nivel municipal son poco importantes, incluso no se toma nota, durante muchos años, de las actas capitulares (plenos del ayuntamiento).

Antes de comenzar a hablar de los acontecimientos del siglo XVII, describiremos el escudo de armas que hay esculpido sobre la puerta del castillo. Esta información la debería haber incorporado en el anterior capítulo, pero la información no le llega a uno cuando debiera.

Descripción del escudo esculpido en la entrada del Castillo

Primero sería interesante explicar el origen del escudo esculpido en piedra que hay en la portada renacentista del Castillo de Villardompardo. El trabajo se terminó en vida del primer Conde de Villardompardo, a finales del siglo XVI
Se trata de un escudo cuartelado en cruz, en cada parte observamos lo siguiente:
● En el primer cuarto: (Arriba y a la izquierda) presenta cinco torres de oro sobre campo de gules (sobre color rojo vivo) colocados en sotuer (escudo de armas de los Torres)
● En el segundo cuarto: (Arriba y a la derecha) sobre campo de oro (sobre color dorado) una banda de sable (escudo de armas de los Carvajal)
● En el tercer cuarto: (Abajo a la izquierda) Aquí hay una mezcla de las familias Messía y Carrillo. En la parte de arriba hay tres fajas de sable en azur (color azul oscuro) sobre campo de oro y en la parte de abajo , correspondiente a los Carrillo, un castillo almenado en azur sobre campo de gules.
● En el cuarto: (Abajo a la derecha) sobre campo de oro, dos lobos desollados (escudo de armas de los Ossorio)
● En el centro: El escudo de Portugal.

ACLARACIONES: Carvajal Osorio eran los apellidos de la primera esposa de D. Fernando de Torres y Portugal (primer Conde del Villar).
Carrillo era el apellido de la segunda esposa de D. Frenando, y Messía o Mexía era el apellido de la madre de D. Fernando.
Torres y Portugal eran los apellidos heredados de su padre, D. Bernardino.
Por tanto, el escudo recoge la simbología de todas las ramas de la familia. Como es lógico el escudo estaba sólo esculpido en piedra y no coloreado. Los colores a los que se hace mención sólo aparecían en papel, y no siempre.

La familia también poseía un escudo Eclesiástico, éste era El Blasón de la Virgen María, que está situado justo encima de la pila bautismal, donde se cruzan los nervios de la bóveda, ya hemos hablado de él en el capítulo anterior. (Foto del margen).
SUCESIÓN DEL TÍTULO DE CONDE DE VILLARDOMPARDO A LO LARGO DEL SIGLO XVII

Durante este siglo se produce una complicada red de sucesiones del título de Condes de Villardompardo debido a la abundancia de matrimonios sin descendencia, por ello, en caso de no tener hijos, el título pasa a hermanos, primos hermanos e incluso a otros familiares.

Esta ausencia de hijos en muchos matrimonios de la casa de los Torres, se debe probablemente a la consanguinidad de las parejas, es decir, por la unión entre familiares muy cercanos. Por tanto el relato de la descendencia de los Torres y Portugal durante el siglo XVII se puede hacer muy pesado, pero es imprescindible conocerlo para entender bien la historia de nuestro pueblo.

La lista de títulos nobiliarios de cada miembro de la familia era muy larga, por eso he omitido dicha lista en casi todos ellos menos en el II Conde, para que os hagáis una idea de la gran cantidad de títulos que poseían.

Comenzamos el siglo XVII con D. Juan de Torres y Portugal y Manrique como II Conde de Villardompardo que sucedió a su abuelo D. Fernando de Torres y Portugal (I Conde de Villardompardo) ya que su padre, D. Bernardino, había muerto antes que su propio abuelo. Los títulos que poseía además de II Conde eran: Señor de Escañuela, Villargordo y la Fuensomera (actual cortijo de Uribe), Alférez mayor y Veinticuatro perpetuo de la Ciudad de Jaén, Caballero de Calatrava, Comendador de Molinos y Laguna-Rota.

D. Juan, como veremos en el siguiente capítulo, mantuvo una estrecha relación con nuestro pueblo presidiendo los cabildos y facilitando la construcción del ayuntamiento de Villardompardo.

D. Juan se casó en primeras nupcias con su prima hermana Dña. Isabel de Carvajal y en segundas con Dña. María Polonia Bazán de Mendoza y de la Cerda, de quién nacería el heredero del condado: D. Juan Antonio Suárez de Mendoza y Torres de Portugal (en otros documentos lo pone al revés: Juan de Torres y Portugal y Suárez de Mendoza) III Conde de Villardompardo. Este señor pidió en 1646 el título de Grandeza de España para la casa de los Torres y Portugal y también mantuvo un pleito con la Compañía de Jesús durante la primera mitad de este siglo XVII. En las declaraciones de este pleito se hace referencia a las posesiones que tenía el Conde y sus antepasados en el Villar. Más tarde hablaremos de ello.

D. Juan Antonio Suárez murió en 1654 sin descendencia a pesar de haber estado casado en 1642 con Dña. Teresa Antonia Manrique Hurtado de Mendoza, por lo que el título pasaría a su hermana viuda Dña. Juana María Suárez de Mendoza y Torres de Portugal que sería la IV Condesa de Villardompardo.

Dña. Juana María Suárez se había casado en 1631 con D. Carlos Pacheco de Córdoba y Bocanegra, que como es de suponer tenía muchos títulos nobiliarios y había servido con Felipe IV. Este señor murió en Madrid en 1646.

Fruto del matrimonio anterior sería D. Francisco Domingo Córdoba y Mendoza Torres y Portugal que nació en Madrid en 1639 y murió en 1668 también en Madrid con sólo 29 años. Esta persona ocuparía el título de V Conde de Villardompardo. Sin duda el hecho de nacer y morir en Madrid haría que la relación con el pueblo fuera muy lejana y delegaría la administración de las tierras a un encargado y a los arrendadores.

D. Francisco Domingo se había casado en 1657 con su prima hermana Dña. Francisca Juana de Mendoza Córdoba Aragón y Portugal, de este matrimonio no nació ningún hijo, así que el título pasaría a un hermano de D. Francisco Domingo llamado D. Diego Fernando de Córdoba y Portugal nacido en Madrid en 1641 y que sería el VI Conde de Villardompardo. Este señor fue Gentilhombre de Cámara de Carlos II.

D. Diego se casó dos veces, en primeras nupcias con Dña. Honorata de Berghes y Renesse, con quién tuvo descendencia, y en segundas nupcias con Dña. María Antonia de Mendoza, boda celebrada en Madrid en 1692 con quién no hubo descendencia. El Conde moriría un año después en 1693. Fruto del primer matrimonio nacieron entre otras la heredera del título: Dña. María Eugenia de Córdoba y Berghes Torres y Portugal convirtiéndose en la VII Condesa de Villardompardo, pero falleció en 1694 en Bilbao sin descendencia, aunque había estado casada.

El título pasaría a una prima hermana suya; Dña. Francisca María Exarch de Belvís Córdoba y Portugal que se convertiría en la VIII Condesa de Villardompardo.
Esta señora se casó con su primo D. Francisco Belvís de Moncada Escrivá Zapata y Mendoza que fue el I Marqués de Bélgida, luego Dña. Francisca María también tendría el título de Marquesa, por su esposo. De esta forma el título de Marqueses de Bélgida se antepone al de Condes de Villardompardo por su mayor rango, perdiendo protagonismo el título de Conde.

Durante este siglo hemos visto como la casa de los Torres y Portugal ha entroncado con los Marqueses de Bélgida, quiénes han mantenido el título de Condes de Villardompardo hasta la actualidad. (Porque la familia vive actualmente en Palma de Mallorca y aún tienen el título de Condes de Villardompardo, entre otros muchos. En otros capítulos hablaremos de ello).

PLEITO ENTRE EL COLEGIO DE LA COMPAÑÍA DE JESUS DE JAÉN Y EL III CONDE DE VILLARDOMPARDO, D. JUAN DE TORRES Y PORTUGAL Y SUÁREZ DE MENDOZA

Se trata de un documento interesante de 76 folios, impreso en Granada en 1657, procedente de la Chancillería de esta misma ciudad. En este documento queda reflejado un pleito entre el Colegio de la Compañía de Jesús de Jaén y el III Conde del Villar, D. Juan de Torres y Portugal Suárez de Mendoza que también poseía el título de Marqués de Cañete.
La Compañía de Jesús heredó los bienes de un tal Alonso de Valenzuela tras su muerte, según la Compañía de Jesús, el anterior Conde del Villar (D. Juan de Torres y Portugal, II Conde de Villardompardo, llamado igual que su hijo) debía un censo a D. Alonso de Valenzuela, por ello dicha institución denuncia en 1642 al actual conde para que le abone dicha deuda contraída por su padre. Al final del proceso el Conde del Villar es absuelto y declarado inocente puesto que según varios testigos la deuda fue saldada en vida del padre.
Pero lo más interesante de este documento no es el pleito ni su resultado, sino la mención de los bienes que poseía la familia Torres y Portugal desde hacía muchos años en el término de Villardompardo y en Jaén capital. También son muy interesantes los nombres que se dan de los gobernantes del pueblo (alcalde, alcayde, regidor, escribano) que declararon a favor del conde.

En este documento se hace referencia a acontecimientos ocurridos muchos años antes, por ejemplo: El 4 de Agosto de 1576 el hijo del primer conde del Villar, D, Bernardino de Torres, que nunca fue conde por morir antes que su padre, presentó un documento ante el alcalde Jaén en el que se mencionaban todas las posesiones de su padre (D. Fernando de Torres y Portugal) tanto en la ciudad de Jaén como en la villa de Villardompardo. Estas posesiones eran las siguientes: (Está transcrito tal y como viene en el documento, algunas aclaraciones las hago entre paréntesis)

Propiedades en Villardompardo

· La venta de la Fuen-Somera (actual Uribe, foto del margen) con la piedra que está “aprestada” al lado para la cerca que se iba a hacer en la huerta que está junto a dicha venta.
· El mesón que el conde tenía en Villardompardo.
· El molino de “aceyte” con el Alhorí (almacén) incorporado en él, con todo lo que le pertenece: viga, piedra, caldera y las demás jarcias de molino.
· Otro Alhorí de pan (trigo) que está frontero junto al castillo de dicha villa.
· Las casas del baño donde se lava la ropa (se refiere al lavadero)
· El palomar que estaba “escueto”.
· La casa que era de Marin, que se iba labrando para que viviese en ella el alcayde de la villa.
· La casa en la que vivía el mayordomo del conde.
· La casa que llaman de las gallinas, también conocida como casa de Rosales.
· Un cuerpo de casa que servía de pajar.
· Dos cuerpos de casa que servían de pajar y un corral.
· Todas las tierras que el conde poseía en Fuen-Somera de cuya jurisdicción su majestad le había hecho merced, que eran treinta y cuatro fanegas.
· Otro pedazo de tierras que llamaban el “regodio” de diez fanegas.
· Otra haza de tierra que estaba en el “buhedo”, de dos fanegas y media.
· Otra haza de tierra en el cerrillo del Moro de tres cuerdas y media.
· Otra haza en el torbisquillo, de una fanega.
· Otra haza para alcacel (cebada verde para el ganado) de dos fanegas de tierra.
· Otra haza para alcacel de poco más de media fanega.
· Un pedazo de olivar en el “pago” de Valdespejo, en que había una “aranzada” poco más o menos (antiguamente se conocía como Valdespejo o Valdespeja toda la zona del cerro Fernandico y alrededores, hoy sólo se conserva entre las personas mayores el nombre de “pozo de Valdespaja” refiriéndose al “pozo de los olivares”, foto del margen)
· Otro pedazo de olivar que tenía una aranzada encima del cerro (Fernandico)
· Un haza que se compró de Cañadilla, que estaba en medio de los olivares del mayorazgo.
· El Tejar (lugar donde se fabricaban tejas, ladrillos y adobes, estaba cerca del pilar ya que se requería mucha agua para su elaboración) y la era que está entre la casa del baño (lavadero) y tierras de alcacel (posiblemente la zona cercana al chilanco)
· La huerta de Fuensomera, con la noria y alberca (la noria se ha conservado hasta hace pocos años, hoy sólo queda el brocal de un pozo junto a un gran fresno) y gasto de recogimiento de agua , que estaba en el término de Villardompardo (en aquella época Uribe estaba dentro del término del Villar)

Propiedades en Jaén

· El medio horno que se había hecho nuevo con el sitio en que se compró las tenerías (sitio o taller donde se curten o trabajan las pieles) y casas de morada principales y accesorias con ellas, con las seis casas que salen a la calle Maestra, que es la calle que va desde la Magdalena a la Puerta de Martos en la ciudad de Jaén, que tenía a renta de por vida Cristóbal Ruiz de Alcázar, curtidor, por 452 maravedís anuales y dos gallinas de censo perpetuo, que se pagaban al Convento de Santa Catalina.

El hecho de presentar esta relación de bienes era porque el conde de aquella época, D. Fernando de Torres y Portugal (foto del margen), pretendía incorporar esos bienes, que eran libres, al mayorazgo, para que de esta forma no pudieran ser vendidos y los heredara “en bloque” el primogénito varón.
El mayorazgo era una institución en la que todos los bienes vinculados a ella no podían ser vendidos por el poseedor, sólo los podía heredar el hijo mayor, de esta forma se garantizaba el paso íntegro de las riquezas de una generación a otra. El poseedor del mayorazgo también podía tener bienes libres no vinculados al mayorazgo que los podía comprar y vender a su antojo.

Con la relación de los bienes nombrados anteriormente, el alcalde mayor de Jaén hizo un informe que fue enviado a su majestad FelipeII y el 27 de Mayo de 1577 dichos bienes fueron incorporados al mayorazgo por Real Orden de su Majestad. Estos bienes fueron heredados íntegramente por el II Conde de Villardompardo, D. Juan de Torres y Portugal y a su muerte por el III Conde, D. Juan de Torres y Portugal Suárez de Mendoza que es a quién denuncia en 1642 la Compañía de Jesús por el asunto que antes hemos comentado.

En el mismo juicio declaran varias personas, unos eran testigos presentados por la Compañía de Jesús y otros por el Conde de Villardompardo, como es de suponer los testigos de cada parte declaraban cosas distintas. Los presentados por el Conde eran todos habitantes de Villardompardo, hombres de su confianza que habían trabajado para él o desempañaban cargos importantes en el pueblo y que vivían en nuestra localidad a mediados del siglo XVII. Éstos fueron:

· Alonso García Armenteros, vasallo del conde e hijo de Pedro Hernández Armenteros (me extraña la no coincidencia de apellidos. El apellido Armenteros es de los más antiguos del pueblo) que había sido administrador de los bienes del II Conde e iba con su padre a cobrar las rentas, por lo que conocía muy bien sus posesiones.
· Antonio de Cabrera, vasallo del conde y alcalde ordinario de Villardompardo.
· Miguel Carrión de Mena, Regidor del Villar.
· Cristóbal Ruiz Malo de Molina, escribano público de Villardompardo.
· Francisco de Moya, (este apellido también es muy antiguo en Villarmpardo) alcaide del castillo de Villardompardo en tiempos del II Conde de Villardompardo. No debemos confundir el cargo de alcalde con el de alcaide, en aquella época el alcaide era la persona que se encargaba de la guardia y defensa de un castillo y el alcalde se dedicaba al gobierno del pueblo.
· Lázaro de Zafra, alguacil mayor del Villar.


Todos ellos declararon a favor del Conde diciendo cuáles eran las propiedades que había heredado de su padre (el II Conde) pertenecientes al mayorazgo, que coinciden con las que hemos enumerado con anterioridad, y cuáles no había heredado porque eran libres y su padre las había vendido por diferentes causas.
Los bienes libres de D. Juan de Torres y Portugal, II Conde de Villardompardo, padre del demandado fueron:

· El cortijo de Leonardo de 146 fanegas y una casa de teja, en el término de Torredonjimeno, que había comprado a Juan de Armenteros, vecino del Villar y que luego vendió a Alonso de Ortega Anguita, vecino de Torredonjimeno, para poder pagar la dote de su hija Inés de Manrique.
· Otro cortijo cerca de la dehesa del Villar, en el término de Torredonjimeno, conocido como la Salina o Salinilla, que compró a D. Gil Alonso y que luego también lo vendió a D. Andrés Ponce de León, vecino de Torredonjimeno.
· Un pedazo de tierra de más de cien fanegas que compró a D. Alonso Ortega que era Corregidor de Torredonjimeno y que alindaba con Benzalá y Berrío. Parte de este pedazo, conocido como el Fraile, de unas 30 o 40 fanegas, (todavía se llama igual. Foto del margen) se lo dio como dote a su criada Isabel de Cózar. En aquella época era muy normal que una familia pobre cediera desde muy pequeña a su hija para que sirviera en la casa de un noble, con la condición de que a la hora de casarse el noble compensara a la criada con la dote, como pago a los servicios prestados durante toda su niñez y juventud.

Total, que Don Juan de Torres y Portugal Suárez de Mendoza, III Conde del Villar, sólo heredó los bienes vinculados al mayorazgo, casi todos los libres los vendió su padre mientras vivía. Las pocas propiedades libres que le quedaron, yeguas, potros, ropa blanca, muebles de casa y poco más, se las dejó a su criado Antonio de Morillas.

En las diferentes declaraciones se deja ver que el II Conde fue un mal administrador de su herencia ya que muchas casas propiedad suya, tanto en Jaén como en Villardompardo, se habían caído y estaban como solar, también dejó el mayorazgo cargado de deudas, tanto fue así que su hijo estuvo a punto de renunciar a sus derechos como heredero del mayorazgo. Al mismo tiempo el padre estaba apenado porque no quería dejarle la herencia al hijo. Está claro que la relación entre ambos no era buena, de hecho en muchos escritos, el III Conde de Villardompardo es nombrado como D. Juan Suárez de Mendoza y no como D. Juan de Torres y Portugal Suárez de Mendoza, cosa que me despistó bastante a la hora de seguir la genealogía, es como si hubiera renunciado a los apellidos paternos, además este señor vivió en Madrid, cerca de la corte y allí tuvo a sus hijos con lo que la relación con Villardompardo prácticamente se perdió, dejando la explotación de sus bienes a los administradores y arrendatarios.

Como habéis podido comprobar en este capítulo sólo hemos hablado de los Condes de Villardompardo, de la herencia del título y sus posesiones durante el siglo XVII, en el próximo capítulo hablaremos de lo que pasaba en el pueblo; a sus gentes y cuáles eran sus problemas diarios.

CONTINUARÁ

Fuentes consultadas:
· Heráldica y Genealogía en el Reino de Jaén de Andrés Nicás Moreno.
· Memorial del Pleito entre El Colegio de la Compañía de Jesús de Jaén y el III Conde de Villardompardo. Chancillería de Granada.
· Fotos del autor.
· Agradecimientos: a Francisco Maldonado y Beatriz que me han enviado mucha información por Internet y por supuesto a Manuel Delgado García, vecino de nuestro pueblo, que por desgracia falleció en Julio y que me contaba muchas cosas que ocurrían antiguamente. D.E.P

Carlos Ramírez Perea

martes, 25 de agosto de 2009

Historia de Villardompardo y sus personajes durante el siglo XVI

EL PROBLEMA DE LA SUCESIÓN DEL TÍTULO

Se sabe muy poco desde la conquista de aquella pequeña alquería en 1246 por las tropas de Fernando III “El Santo” a la que se le puso el nombre de Villar Don Pardo, hasta que a finales del siglo XIV fue otorgada a la familia Torres con el Título de Señores de Villardompardo, con la condición de repoblarla ya que había quedado destruida por los moros en una de sus incursiones en el reino de Jaén.

La historia de nuestro pueblo es interesante, pero sin duda el siglo más importante ha sido el XVI por la influencia de los personajes que vivieron en él.

Veamos algunos de los acontecimientos más curiosos de este siglo:

Hacia el año 1500 la Señora de Villardompardo, Doña Teresa de Torres, viuda del influyente Condestable D. Miguel Lucas de Iranzo, se encontraba en una situación complicada ya que había perdido gran parte del poder que tenía en la ciudad de Jaén, en el último cuarto del siglo XV.

También su único hijo, D. Luis Lucas de Torres, había ingresado en el monasterio de San Francisco del Monte, en la provincia de Córdoba, tras un desengaño amoroso, y los Reyes Católicos abandonaron la ciudad de Jaén después de la conquista de Granada, alejándose el gran apoyo de Doña Teresa; la reina Isabel la Católica, su gran amiga.




Por estas circunstancias, la Señora del Villar, decidió en este año de 1500, abandonar Jaén de incógnito, con algunas de sus valiosas joyas y acompañada por una o dos doncellas. Se dirigió hacia Écija y allí ingresó como monja clarisa en el convento de Santa Inés, pagando su dote con las joyas que llevaba. El ingreso lo hizo con total anonimato y profesó con el nombre de Sor Luisa de la Cruz. Eligió el mismo nombre que su hija fallecida siendo niña.

El anonimato de la señora duró poco tiempo, porque la reina Isabel la Católica descubrió el paradero de su amiga Teresa.

El primer año de noviciado para la Señora de Villardompardo fue todo un ejemplo en el convento de Santa Inés, así que cuando la reina fundó el convento de Santa Isabel en la ciudad de Granada (en el Albaicín) se acordó de su amiga Doña Teresa de Torres (Sor Luisa de la Cruz) y la envió a este convento como abadesa.

Los años que permaneció Doña Teresa en el convento de Granada, fueron ejemplares, su fama creció en toda Granada por convertirse en refugio de los más necesitados, tanto fue así que tras su muerte hubo quién pidió su santidad.

El hijo de Doña Teresa, como dijimos anteriormente, estaba en el monasterio de San Francisco del Monte y allí murió en 1510, sin descendencia.
Doña Teresa de Torres murió en el convento de Santa Isabel de Granada en 1521 y en ese mismo lugar fue enterrada. Sus hijos y marido habían muerto, luego se planteaba el problema de la herencia del mayorazgo (privilegios que tenía una persona y que se transmitían al hijo mayor) y el título de Señor/a de Villardompardo.

El problema se solucionó, heredando tanto el mayorazgo como el título
el hijo de Dionís de Portugal y Torres (primo hermano de Dª Teresa) y de Isabel Fajardo, llamado D. Fernando de Portugal y Torres.

Durante la vida de Doña Teresa, Señora de Villardompardo, no se menciona en ningún momento que residiera en nuestro pueblo, aunque fuera por periodos cortos de tiempo, aunque sí se habla de breves estancias en Bailén, Andújar o Mengíbar, por diversos motivos, como por ejemplo, algunos brotes de peste en Jaén.

Nuestro pueblo debió ser un núcleo urbano demasiado pequeño para lo que ella estaba acostumbrada y el castillo carecería de la más mínima comodidad ya que hasta ahora había estado destinado a la defensa de la zona y no a residencia palaciega como más tarde lo fue.

D. Fernando de Portugal y Torres, heredero del Señorío del Villar, era una persona importante ya que era nieto por una parte del adelantado mayor de Andalucía y por otra de don Fernando de Portugal hijo del Infante D. Dionís de Portugal y Juana de Castilla, esta última hija de Enrique II. Al recibir el título de Señor del Villar y el mayorazgo, intercambió el orden de sus apellidos y desde entonces se llamó D. Fernando de Torres y Portugal. Por eso en el escudo de Villardompardo aparecen las torres del apellido “Torres” y los escudos de la monarquía portuguesa.


D. Fernando se casó con Dª Beatriz de Luxán y tuvo tres hijos: Bernardino, Alfonso e Isabel.




Cuando murió D. Fernando, su mujer, Dª Beatriz de Luxán se casó en segundas nupcias con D. García de Villarroel, adelantado de Cazorla, y a esta villa se fue a vivir con su esposo y los tres hijos que tuvo del matrimonio anterior:

•Alfonso murió sin dejar descendencia.
•Isabel se casó con el hijo de su padrastro Juan de Villarroel.
•Bernardino a la edad de 13 o 14 años se casó, forzado por su padrastro, con una hija de éste, Luisa de Villarroel, pero “no hubo cópula, por estar el joven Bernardino demasiado presionado” así que como pudo y de incógnito escribió una carta a un criado suyo, el alcaide de Villardompardo, éste al cabo de unos días se personó en secreto en Cazorla y huyeron los dos hasta el castillo de Villardompardo, para evitar ser perseguidos pusieron las herraduras de los caballos al revés.

Una vez a salvo pidió la nulidad del matrimonio anterior y el obispo de Córdoba se la concedió.
Bernardino de Torres y Portugal heredaría el título de Señor del Villar y el mayorazgo tras la muerte de su padre.

Bernardino se casó con Dª María Mexía Ponce de León, hija del Señor de la Guardia y tuvo dos hijos, Fernando y Beatriz, ésta última se casó con D. Luis de Carvajal, señor de Jódar y no tuvo descendencia.


EL PRIMER CONDE DEL VILLAR

A la muerte de Bernardino heredó el título su hijo mayor, D. Fernando de Torres y Portugal (llamado igual que su abuelo), que se convertiría en el personaje más importante de la historia de nuestro pueblo.

Cuando heredó el titulo, su tía Dª Isabel de Portugal, la que se había casado con D. Juan de Villarroel, se lo intentó arrebatar a favor de su hijo, alegando que el matrimonio entre D. Bernardino y Dª María Mexía no había sido legítimo, pero al final no consiguió nada.

D. Fernando se casó en primeras nupcias con Doña Francisca Ossorio de Carvajal, hija de los Señores de Jódar, y en segundas con Doña María Carrillo de Córdoba, hija de los Señores de Algarrobo. Con la primera esposa tuvo los siguientes hijos:1 Bernardino de Torres que se casaría con Dª Inés Manrique, hija de los marqueses de la Guardia. 2 Diego de Torres. 3 Luis de Torres. 4 Fernando de Torres. 5 Gonzalo y 6 María.

Con la segunda esposa D. Fernando tuvo los siguientes hijos: 1 Jerónimo de Torres, que más tarde sería Caballero de la Orden de Santiago. 2 Juan de Torres y Córdoba que fue Rector de la Universidad de Salamanca y Canónigo de Jaén.3 Manuel de Torres, también fue Caballero de la Orden de Santiago. 4 Diego de Torres y 5 Micaela de Torres. Tal vez, estos dos últimos murieron sin casar. Algunos de ellos fueron bautizados en la iglesia de Villardompardo y podemos observar sus actas bautismales en los archivos parroquiales de nuestra villa.

Estos archivos comienzan en 1565, según lo ordenado en el Concilio de Trento, por lo que los hijos que nacieron antes de esta fecha no pudieron inscribirse.

Las actas bautismales presentes en el archivo son las de los siguientes hijos/as: D. Jerónimo, bautizado en Noviembre de 1566, D. José (puede que sea D. Juan) bautizado en marzo de 1568, D. Francisco, bautizado en mayo de 1570 (Francisco no aparece como hijo de D. Fernando, puede que muriera muy joven), D. Manuel, bautizado en Junio de 1575 y D. Diego, bautizado en febrero de 1577. Todos estos hijos los tuvo con la segunda esposa y todas las actas bautismales aparecen en el primer libro de los archivos parroquiales y firmadas por un tal “Maestro Cibantos”, Prior de la “Iglesia de esta Villa”. En ningún momento aparece como Parroquia de la Virgen de Gracia.




El hecho de bautizar aquí a sus hijos nos hace sospechar que D. Fernando pudo vivir durante algunos periodos en el castillo, convertido en esta época en castillo-palacio y con una portada renacentista recién hecha, con su gran escudo nobiliario en la entrada.

En 1558 el mismo Felipe II designa a Villardompardo como cabeza de condado por lo que D. Fernando de Torres y Portugal pasa de Señor del Villar a Primer Conde de Villardompardo, con todos los privilegios que ello conllevaba. Además D. Fernando poseía los siguientes cargos: Caballero de la Orden de Santiago, Alférez Mayor y Veinticuatro de la ciudad de Jaén, Capitán General del Principado de Asturias, Asistente en Sevilla y sin duda el cargo de mayor importancia; Virrey del Perú.

SU VIRREINATO EN PERÚ

Este cargo lo ocupó desde el 30 de Noviembre de 1586 hasta el 8 de Enero de 1590 (en algunas fuentes varían algo estas fechas, pero en poco).
Cuando viajó al Perú, no lo hizo solo sino con su nieto Fernando, hijo de Diego.
Este nieto terminaría formando con el tiempo una rama familiar de los Torres y Portugal en América.
Según las fuentes consultadas su virreinato en Perú fue bueno para unos o desastroso para otros.

En una crónica de la época se cuenta: “En los tres años de su gobierno no hizo el conde de Villardompardo sino amenguar el patronato, entrar en querellas ridículas con los inquisidores, dar pábulo a las disensiones de la Audiencia, dejar sin castigo a los defraudadores del fisco y permitir que en todas las esferas oficiales se entronizase la inmoralidad.

En cambio en otras fuentes se dice que a pesar de los problemas a los que hizo frente el Virrey del Perú, consiguió enviar a la corona española más de cinco millones de ducados, incrementó la armada, fortificó el puerto del Callao, sustituyó el cargo de alcalde de Lima por el de corregidor, hizo frente al terremoto de 1586 racionando los cereales y otras muchas medidas.
Fuera como fuese la verdad es que D. Fernando tuvo que hacer frente, durante su virreinato, a graves problemas como:

- Una epidemia a mediados de 1586 de viruela, sarampión y parotiditis que apareció en Cuzco y se extendió hacia el norte.
- Otra epidemia de peste que afectó sobre todo a la población indígena y negra, dedicada a las labores domésticas y a los trabajos en el campo, la pérdida de población fue enorme, por ejemplo Lima perdió el 20% de los habitantes.
- Tres años más tarde otra epidemia, esta vez de tifus exantemático, se extendió por el virreinato del Perú y diezmó la población.
- El miércoles 9 de Julio de 1586, entre las siete u ocho de la tarde un violento terremoto sacudió todo el territorio, provocando enormes destrozos en la ciudad de Lima y otras muchas cercanas a ella.

D. Fernando se encontraba en aquellos momentos en el puerto del Callao despachando la Armada Real y le escribió una carta a su Majestad Felipe II, diciendo literalmente: ”…me vino un aviso del puerto de que la mar se retiró y se recogió como siete estadios y volvió a salir muy alta sobre tierra con gran ruido llevándose la barraca y mercaderías que en ella estaban y algunos barcos y carros y mucha madera gruesa que estaba apilada. El agua llegó hasta el Monasterio de Santo Domingo (a unos 250 metros de la orilla). Fue tanta el agua que quedó allí que al cabo de algunos días aún no se podía pasar a caballo…”. Sin duda describió un tsunami.

- Para colmo de males, en Mayo de 1587, el pirata británico Thomas Cavendish, se dejó caer por las costas peruanas arrasando algunas pequeñas poblaciones del norte. Aunque Don Fernando envió la armada contra ellos, no pudieron darle alcance por la gran ventaja que les llevaba. Debido a este grave incidente, el virrey decidió instalar baterías defensivas y levantar fortificaciones en el puerto del Callao.

En 1589, se tomó la decisión, por parte de su Majestad , de relevar al “achacoso y discreto” Conde de Villardompardo, por un hombre más joven y enérgico. Se nombró como sucesor y Virrey al Marqués de Cañete, D. García Hurtado de Mendoza, cuyo mandato duró hasta 1596.
Algunas anécdotas curiosas de la estancia del Conde del Villar en Perú fue la fundación de una ciudad a la que llamó Villardompardo, cerca del volcán Chimborazo, en la actual República del Ecuador y que más tarde cambió el nombre por Riobamba (en la foto de abajo).

Durante el Virreinato de D. Fernando nació en Lima, el 30 de Abril de 1586, la que más tarde sería Santa Rosa de Lima, hija de Gaspar Flores y María de Oliva.
Durante sus años de mandato, el Virrey fue apodado por las jóvenes limeñas como “El Temblecón” por el temblor acusado de sus manos.

Una vez relevado de su cargo, el conde se retiró al conventillo franciscano del pueblo de la Magdalena, hasta que se le proporcionó navío para que su nieto y él regresaran a España.
Su nieto volvería a América años más tarde y fundaría la rama familiar que comentamos anteriormente.

Una vez en España, mandó construir un palacio en la actual plaza de María Luisa Marillac de Jaén. La construcción se hizo sobre las ruinas de los antiguos baños árabes y fue acabada en 1592, el año de su muerte.

La función de esta edificación ha ido cambiando con el tiempo, desde 1751 hasta 1970 fue hospicio, casa cuna y casa de maternidad. Su fachada de piedra tiene una portada severa, sobre la que se sitúa una inscripción alusiva a su función de hospicio. Las ventanas se ordenan en ella de forma simétrica. Al lado se alza la portada de la iglesia de la Visitación, que formaba parte del hospicio.

El palacio, que se conoce como “Palacio de Villardompardo”, fue restaurado después de haber realizado su función y recibió el premio Europa Nostra en 1984, por el impecable trabajo que se hizo. Actualmente alberga el museo de Artes y Costumbres y de Arte Naïf y en los subterráneos se encuentran los Baños Árabes del siglo XI.

A la muerte de D. Fernando, acaecida el 18 de Octubre de 1592, le correspondía heredar el título de conde a su hijo mayor Bernardino, pero éste había muerto en vida de su padre.

Como habíamos comentado D. Bernardino se casó con Dª Inés Manrique, hija de los Marqueses de la Guardia, con la que tuvo tres hijos: Juan de Torres y Portugal (el mayor), Bernardino y Fernando, por lo que el título de Conde de Villardompardo pasó del abuelo D. Fernando al nieto D. Juan.

D. Juan de Torres y Portugal , segundo conde de Villardompardo, quizás sea el que más relación haya mantenido con el Villar y tal vez residiera en el castillo durante largos periodos de tiempo, porque son muchas las veces que preside los cabildos municipales y toma numerosas decisiones importantes para el municipio, según nos cuentan los archivos municipales. También bautizó en nuestra iglesia algunos de sus hijos, según consta en las actas bautismales de la parroquia.


Su mandato duró hasta el 20 de marzo de 1612, día de su muerte. El acta de defunción se encuentra en los archivos parroquiales, en el primer libro de defunciones, en la que parece leerse que fue enterrado en la Virgen de Atocha, pero no está muy claro (foto de arriba).

CONTINUARÁ

Fuentes consultadas:

“Teresa de Torres” de María del Consuelo Díez Bedmar.
“Villardompardo. Aproximación Histórica” de José Torres Domínguez.
Archivos parroquiales y municipales.
Muchas páginas de Internet

Autor: Carlos Ramírez Perea
© copyright Carlos Ramírez Perea. 2009

jueves, 20 de agosto de 2009

Historia del apellido Calvache 2ª parte


El libro Nobiliario de los Reinos y Señoríos de España de Francisco Piferrer de 1858, en su tomo cuarto nos dice de este apellido que “la familia distinguida en estos reinos con el apellido Calvache tuvo su primer asiento y origen en el reino de Galicia, y reconoce por tronco y principal ascendiente a Genaro Ponce de León, hermano del adelantado don Juan Ponce de León, que florecieron en el siglo XII y reconquistaron muchos pueblos de los moros. Y por haberse apoderado Genaro a fuerza de valor e intrepidez y después de una sangrienta lucha de un territorio llamado entonces Calvache tomó este nombre por apellido, y lo han conservado sus descendientes en memoria de tan esclarecido y esforzado progenitor, a pesar de ser oriundos de la ilustre casa de los Ponce de León.

En el año 1530 el emperador Carlos V hizo caballero doredo a Juan Evangelista Calvache, por real cédula en la cual se expresa ser descendiente del de arriba nombrado don Genaro Ponce de León, señor de Calvache y otros estados.

En tiempos posteriores se halla a don Francisco Calvache, de la jurisdicción de Pontevedra que casó con doña Jacoba de Pereira, hija del alcalde de la fortaleza de Olite, en Andalucía. Don Juan Payba casó con doña Beatriz de Calvache, cuyos hijos fueron don Juan, don Ventura y don Basilio de Payba y Calvache.

Sus armas son en campo de oro un puente verde y encima un caballero armado con espada, y en lo alto del escudo una rodela de gules y en ella una corona imperial de oro”.

Los Calvache en Villardompardo

El apellido Calvache tiene su origen en Villardompardo gracias al matrimonio entre una villarenga y un tosiriano.

El 27 de abril de 1795 Francisco de Sales Calvache, vecino de Torredonjimeno, hijo de Pedro Calvache y de María de Begaira, nieto por línea paterna de Juan Calvache y Josefa de Ortega, naturales de otra villa a la parroquia de Santa María, y por línea materna de Juan Manuel de Guevara e Isabel de Arquillo, de la misma naturaleza a la parroquia de san Pedro. Se casa con María Josefa de la Cámara, natural y vecina de Villardompardo, hija de Diego de la Cámara y de Manuela Josefa Pariente, nieta por línea paterna de Juan de la Cámara y María de Ortega y en la materna de Pedro Pariente, natural de esta villa y Ana de Torres, natural de Torredonjimeno.

En un próximo capítulo veremos el apellido en Torredonjimeno.

Saludos.
© copyright F. Maldonado Calvache. 2009