domingo, 14 de abril de 2019


COFRADÍA DE LA SANTA VERA CRUZ DE VILLARDOMPARDO
150 AÑOS ORGANIZANDO LA SEMANA SANTA (1623-1773)
Las antiguas Hermandades Penitenciales (hermandades que practicaban el castigo corporal) surgen como fruto de una serie de circunstancias adversas propias de finales de la Edad Media: guerras, epidemias, hambres, etc. La práctica de la penitencia para ganar indulgencias y pedir perdón a Dios era muy antigua. Congregaciones como Franciscanos y Dominicos practicaron el castigo corporal mediante la flagelación y lo propagaron entre los laicos, como ejemplos tenemos a San Francisco de Asís o San Antonio de Padua. De esta forma surgen las primeras asociaciones y cofradías de flagelantes o disciplinantes en los siglos XIII, XIV y XV.
El Concilio de Trento (1545-1563) impulsó y favoreció la penitencia pública, el culto a las imágenes y los desfiles procesionales. Todas estas circunstancias contribuyeron a la aparición de las Hermandades de la Santa Vera Cruz en ciudades y pueblos, entre ellos Villardompardo.
En general, las Hermandades de la Vera Cruz en el siglo XV, procesionaban en la noche del Jueves Santo con una simple cruz que llevaba un clérigo, acompañada por un grupo de hermanos de “sangre” (que se iban flagelando) y otro grupo de hermanos de “luz” (que iban alumbrando con antorchas). Eran procesiones muy serias y austeras en las que los hermanos vestían con unas túnicas de lienzo, y al volver a las ermitas, donde tenían sus sedes, eran curados de las heridas con pócimas o ungüentos. Las procesiones carecían de música, sólo iban acompañadas con una trompeta de “dolor” que tocaba para indicar cuando el cortejo tenía que detenerse o debería continuar.
Todo lo que hemos descrito, se ve reflejado perfectamente en el “Libro de la Cofradía” de la Santa Vera Cruz fundada en Villardompardo.
Dicho documento lo guarda un vecino de nuestra localidad y se encuentra en muy buen estado de conservación. Este libro comienza en 1625, pero se ve claramente que es continuación de otro anterior que se ha perdido, así que desconocemos la fecha exacta de la fundación de dicha hermandad (en el libro se dice indistintamente “hermandad” o “cofradía”). La cofradía tenía su sede en una ermita de este municipio bajo la advocación de San Antonio de Padua. El edificio pertenecía a la iglesia y se encontraba extramuros de Villardompardo, a unos 250 metros al norte del pueblo, al borde del camino con su mismo nombre. Debemos tener en cuenta que no existía el actual barrio de la zona del pilar, así que estaba algo alejada de la localidad (en la foto podéis ver esa magnífica recreación realizada por Javier Contreras)
La cofradía tenía en este lugar sus enseres y se encargaba de cuidarla y mantenerla. Allí celebraban sus reuniones de cabildo para organizar la procesión del Jueves Santo de todos los años, y la fiesta de la “Invención de la Cruz” cada tres de Mayo.
La procesión del Jueves Santo salía de esta ermita por la noche, llevando sus insignias (imágenes) acompañadas por los hermanos de “sangre” y de “luz”, además de muchos vecinos del pueblo. Transcurría por un camino de unos 250 metros que pasaba por el pilar, hasta que entraba en la localidad, y desde allí hacía su recorrido por las calles acostumbradas (posiblemente subiría por la Esperilla, calle los Molinos, el Parral...y a partir de ahí lo desconocemos) por último volvía a la ermita donde parece ser que los disciplinantes eran curados de sus heridas por personas nombradas para ello. Todo viene muy bien especificado en las actas de cabildo que se hacían año tras año y que ahora veremos detenidamente. El libro abarca un extenso periodo de 150 años, desde 1623 hasta 1773. En él se describe la organización y evolución de la Semana Santa con gran detalle, además de algunas costumbres de la localidad, lo que lo convierte en un magnífico documento etnográfico.
LIBRO DE LA COFRADÍA DE LA SANTA VERA CRUZ
El libro comienza con las cuentas de la cofradía. Aparece el nombre del primer prioste conocido (hoy lo podríamos comparar con el presidente): Alonso Gutiérrez. Las cuentas pertenecen a los años 1623 y 1624, mientras estuvo al mando dicha persona. Aparecen los ingresos y gastos en ese periodo con el fin de entregárselos al prioste entrante: Ambrosio Gómez. Tenemos datos curiosos sobre la organización de la Semana Santa y la Cruz de Mayo en aquellos años, como por ejemplo: los gastos en cera, pez y resina para las antorchas que deberían alumbrar en la procesión la noche del Jueves Santo, gastos en la fiesta de la Cruz de Mayo, o la cantidad de dinero recogida en la limosna que se pedía en dicha procesión (22 reales en 1623 y 20 reales en 1624) y otros muchos conceptos.
En marzo de 1627 viene el “visitador” D. Gabriel de Saru, siguiendo las ordenes del obispo Don Baltasar Moscoso y Sandobal, cuya intención era precisamente revisar esas cuentas.
El 29 de marzo 1626 se lleva a cabo el primer cabildo conocido de la cofradía para organizar la Semana Santa de ese año. Se reúnen en la ermita de San Antonio de Padua el Prioste Ambrosio Gómez, los dos mayordomos y los hermanos que pudieron acudir a dicha convocatoria. Entre todos ordenaron lo siguiente:
-Que la procesión salga el Jueves Santo por la noche y haga el recorrido acostumbrado.
-Que los cofrades vayan confesados y comulgados so pena de una libra de cera.
-Que el prior predique en dicha iglesia (San Antonio) o dé licencia para que lo haga otro clérigo, y se le pague la limosna de la hacienda de esta cofradía.
-Que los cofrades vayan con su túnica de anjeo* sin divisa alguna (sin distintivo) so pena de una libra de cera.
* anjeo: tipo de lienzo muy basto parecido a la arpillera.
-Que el prioste traiga pez* y resina para mojar las antorchas y alumbrar en la noche.
* la pez: es una sustancia oscura y pegajosa que se obtiene al cocer los tocones y raíces de los pinos cortados, se utilizaba para impermeabilizar botas de vino, barcos y como combustible.
-Se nombra a una persona para llevar el estandarte, otras cuatro para llevar a la Virgen, con dos cofrades más a los lados, cuatro para llevar el Santo Cristo y los mayordomos a los lados, y uno sólo para llevar la Santa Cruz.
-El prioste y Alonso de Contreras se encargarían de regir la procesión y dos más para pedir limosna durante el recorrido de la misma, uno de ellos la pediría desde “Los Malos” al Parral (el Parral era la actual calle San Francisco de Asís, y los Malos podría ser la Esperilla) y el otro cofrade pediría en el resto del recorrido.
-Se nombra a otro hermano para “detener” (parar) a las mujeres y dos más para guardar el monumento de la iglesia.
-Se nombra a dos cofrades para curar a los hermanos y a otros dos para que cuezan el vino en la casa del prioste y en la de Julián García. Supongo que el vino cocido se utilizaría en la elaboración de algún remedio para curar las heridas.
-Para que “taña” (toque) la trompeta a Juan Lombardo, y se le pague lo acostumbrado.
-Que los alcaldes ordinarios ronden y guarden la villa mientras “anda” la procesión.

Como vemos, en Villardompardo se organizaba la procesión del Jueves Santo como hemos descrito al principio, aunque deberíamos hacer algunas aclaraciones:
Este modelo de acta se repite durante muchos años, así que lógicamente no haremos referencia a ellas a no ser que aparezca alguna novedad importante.
Hasta ahora, no se menciona el lugar ni la hora exacta a la que salía la procesión, pero más adelante sí aparece. Tampoco se habla de forma explícita de que algunos cofrades fuesen flagelándose, pero en otras actas se habla de ello. De todas formas, las personas nombradas para curar y otras para cocer el vino ya nos dan una pista.
También en 1626 aparece la primera acta sobre la organización del día de la Cruz a primeros de Mayo. Esta fiesta se celebraba todos los años en la ermita, incluso hasta 1887 (aunque ya no existía la ermita), pero no hablaremos de ello en este artículo.
El acta de 1627 es igual, quizá con menos detalle, pero aparece la novedad de que la Cruz es llevada en andas entre cuatro cofrades y otros dos a los lados. Así que a partir de este año la procesión estaba compuesta por tres pasos: la Santa Cruz, el Santo Cristo y la Virgen (a veces llamada de la Soledad o de las Angustias). Todos llevados por cuatro hombres y dos más a los lados, elegidos con nombres y apellidos en la reunión del cabildo de cada año.
Hasta 1631 no tenemos otra novedad, se dice que ningún cofrade se destape la cara. Así que ya sabemos como iban los penitentes: con su túnica de anjeo y la cara tapada.
En 1632 tenemos varias novedades curiosas: se nombra la calle “balhondo” como lugar por donde pasaba la procesión (seguramente la calle Los Molinos). Se “aderezó” (arregló) la lámpara de la ermita de San Antonio (lógicamente sería de aceite) y se puso una cruz en el campanario. Tambien se anota que se hizo obra en la ermita con una duración de unos seis dias.
A partir de este año aparecen dos monumentos en Semana Santa: el de la iglesia y el de Nuestra Señora de Atocha.
El 10 de marzo de 1632, se hace un inventario de la cofradía de la Santa Vera Cruz para entregarlo al nuevo prioste Alonso de Armenteros, ya que cesaba Antonio Guijosa. Entre sus bienes se describen sobre todo ropas para vestir a las imágenes, túnicas para los cofrades, diferentes piezas de tela para el altar de la ermita y adornar las andas de la Virgen (se habla mucho de tejidos de tafetán, seda, terciopelo, tiradizo...), tambien poseían un estandarte , dos libros de la cofradía (éste sería el segundo de ellos) y dos estatutos, unos viejos y otros nuevos.
En 1633 se aclara que la procesion del Jueves Santo salga a media noche de San Antonio y que los dos mayordomos vayan a los lados del Santo Cristo. Todo lo demás es igual a las actas anteriores.
A partir de 1635 no se dice nada de curar a los hermanos ni de cocer vino para ello.
En 1638 el prioste era Alonso Guijosa, este año se dice que los mayordomos deben ir a los lados de la Virgen, también que se le preste una túnica al que toque la trompeta y que no falte nadie a la procesión so pena de una libra de cera. Se hace hincapié en que se guarden los estatutos de la cofradía.
En este año de 1638 entra un nuevo prioste, por lo que se hace una revisión de cuentas (entradas y gastos) para ser entregadas al entrante. En este documento encontramos novedades: aparecen los gastos por la obra que se hizo en una de las paredes de la ermita de San Antonio, también se vuelve a retejar el tejado y


se hace una chimenea en la misma. Se pintaron paredes y altares: “cuarenta y nueve reales de gasto en pintar unos altares (lo dice claramente en plural) el púlpito y otras cosas de la dicha ermita”, (foto) así que la ermita debería de ser más grande de lo que se imaginaba en un principio ya que poseía varios altares.
En 1640 el prioste era Gabriel Hidalgo y los dos mayordomos Alonso Gutierrez Sabalete y Francisco de Arquillo. Se especifica que la hora de salida de la procesión del Jueves Santo es a las doce de la noche (la una de la madrugada de nuestro horario de invierno). Se dice de poner a tres personas para que guarden los tres monumentos mientras se celebra la procesión, “por si se vuelca alguna vela” (ya aparecen tres monumentos: en San Antonio, la Virgen de Atocha y en la Iglesia Parroquial)
El acta del 17 de marzo de 1641, se redacta muy bien y es perfectamente legible, hay pocas novedades pero se confirma todo lo que hemos dicho anteriormente. Se pide lino y estopa para hacer las antorchas. Por lo tanto sabemos que los materiales para elaborarlas eran: lino, estopa, pez y resina (las dos últimas para mojarlas).
En 1642 se dice por primera vez de forma explícita que “algunos cofrades se azotan en la procesión” y en 1644 aparece el siguiente texto: “el que no se fuere azotando (recordemos lo de hermanos de sangre y de luz) lleve una luz encendida en la dicha procesión” (foto)




En 1645 se deja claro que ningún hermano lleve la “careta” alzada so pena de una libra de cera. A partir de este año no se vuelve a mencionar nada de cofrades flagelándose, ni de traer pez y resina para las antorchas.
En 1649 la reunión para organizar la procesión no se hace en San Antonio, sino en la casa del prioste por llover mucho. Todo es igual que en actas anteriores y se especifica que tocará la trompeta Antonio el Portugués.
PRIMER CAMBIO EN LA SEMANA SANTA DE VILLARDOMPARDO
En junio de 1656 aparece una importantísima novedad, se ordena desde el obispado que la procesión del Jueves Santo se haga por la tarde, por los graves inconvenientes que conlleva el que sea por la noche. La procesión debería estar de vuelta antes de la hora de la oración (hora de las “Vísperas”) y que “no coja la noche”. De este modo la procesión debió perder ese aspecto medieval y tétrico que tendría hasta ahora, pero debió de ahorrar gastos en pez y resina para alumbrar.
Como hemos comentado al principio, antes de la procesión se dirigía un sermón a los cofrades. Durante los primeros años lo pronunciaba el prior de Villardompardo, pero después siempre se buscaba a un clérigo de algún convento de Jaén para que lo hiciese, por ejemplo, en 1663 fue Fray Francisco del Convento de los Carmelitas. En este año de 1663 también se decide pedir limosna en agosto para hacer un nuevo estandarte. Debió tardarse en recaudar dinero para hacerlo, porque en 1669 se vuelve a nombrar a dos personas para que pidiesen limosna otra vez en agosto.
Debemos tener en cuenta que era en este mes cuando el vecindario se encontraba más desahogado después de haber rocogido la cosecha.
UNA NUEVA ETAPA EN LA SEMANA SANTA DE VILLARDOMPARDO
Hasta 1673 las actas son prácticamente iguales: se habla de tres monumentos y tres pasos en la procesión. Ya hace años que no se dice nada de antorchas ni de curar heridas. Se aprecia dejadez a la hora de redactar las actas y de organizar la Semana Santa. Por este motivo, este año significa un punto de inflexión en la celebración de la Semana Santa en la localidad.
El 26 de Marzo, Domingo de Ramos de 1673, hubo una importante reunión en la ermita de San Antonio de Padua de Villardompardo. A ella acudieron Juan Sabalete, Hermano Mayor de la cofradía de la Vera Cruz, Bartolomé de la Cámara, Hermano Mayor de la cofradía del Santo Cristo y Bernabé de Molina, Hermano Mayor de la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, además de un nutrido grupo de hermanos de las tres hermandades (36 en total). El motivo de la reunión era refundar de nuevo las dos últimas cofradías, que desde hacía bastantes años habían mostrado “poca devoción y afecto” en la procesión del Jueves Santo. Según aparece en el documento, estas dos cofradías existían desde hacía tiempo, incluso tenían sus antiguos estatutos, pero presentaban muy poca actividad (en este libro no aparece nada de ellas hasta ahora). Debido a ello, la cofradía de la Santa Vera Cruz decide dar un impulso y refundarlas utilizando como base sus propios estatutos. Estos estatutos aparecen en este libro (foto de la primera página; son seis páginas en total) y casi todos sus puntos se refieren a la obligación de asistir a la procesión, y a las sanciones que sufrirían los cofrades si faltaban sin motivo justificado. El castigo más duro era la ausencia de velas y Cruz de Guía en el entierro del sancionado, el de su mujer o sus hijos, en caso de que muriese alguno de ellos en ese mismo año, ya que el castigo se prolongaba durante ese año completo.
Sin duda lo más importante para un cofrade y su familia era tener un entierro digno, acompañado por sus hermanos de la hermandad alumbrando con velas y la cruz, que lo acompañarían desde su domicilio hasta la iglesia donde sería enterrado en el mismo lugar que los demás hermanos cofrades. La muerte estaba muy presente en aquellos tiempos.
Es en 1673 cuando de repente se habla de procesiones. Se elige al padre Pedro de Valenzuela para que “predique los sermones antes de las procesiones”. Se nombran a cuatro cofrades para llevar la Santa Cruz, cuatro para el Santo Cristo y otros cuatro para Nuestra Señora de la Soledad. Se habla de guardar un sólo monumento pero no se dice dónde. No se especifica nada de si es una sola procesión con diferentes pasos, como lo había sido hasta ahora, o estaban separadas en varios días a lo largo de la Semana Santa. Pero en 1675, por primera vez, se habla de procesiones del Jueves y Viernes Santo y se nombran a los que llevarán cada imagen. Se dice literalmente que serán los “hermanos de dicha cofradía” los que llevarán cada “insignia”
En 1678 se dice que la reunión celebrada todos los años en San Antonio se hace en Domingo de Ramos, llamados por su campana.
Durante los años 1683, 1684 y 1685, los Santos Sacramentos se encontraban en la ermita de Nuestra Señora de Atocha (no en la Iglesia Parroquial) y alli se hace el monumento, además de en San Antonio de Padua. En las actas capitulares del ayuntamiento también se dice que la iglesia estuvo en obras durante esos años. Debió de ser una obra importante para durar tres o cuatro años.
Un dato curioso: desde 1691 hasta 1696, el monumento de la Virgen de Atocha fue vigilado por su ermitaño: Alonso Montes.
En 1697 el predicador de los sermones vendrá de Nuestra Señora de la Merced de Jaén y el Alferez Mayor llevará el pendón en las procesiones, ya que el nombramiento de Alférez Mayor le pertenecía a la Hermandad de la Vera Cruz.
COMIENZA UN NUEVO SIGLO (1700-1773)
A principios del siglo XVIII ya comienza a perfilarse una Semana Santa semejante a la actual, pero también se mantienen costumbres muy antiguas, por ejemplo: se sigue convocando a los hermanos de las tres cofradías en la ermita de San Antonio de Padua el Domingo de Ramos, tras el toque de campana y después de la hora de “Vísperas” . Continúa nombrándose a un clérigo de algún convento de Jaén para que predique antes de cada procesión.
En 1702 el nuevo Prioste de la Cofradía de la Vera Cruz, recauda dinero de todo el vecindario para hacer obras en la ermita de San Antonio. Se le advierte de que debe anotar fielmente cada una de las reformas que se acometan en el templo.
En 1704 se llegó al acuerdo de no pagarle al predicador más de 20 reales por sermón. Si no se conseguía recaudarlo, los cofrades tendrían que ponerlo de su bolsillo, o si algún hermano en particular quería darle una propina extra, era muy libre de hacerlo.
Durante los primeros años del siglo se habla de dos procesiones, pero en 1705 se habla de tres, y en 1709 se nombra por primera vez las procesiónes de la madrugada y la tarde del Viernes Santo (foto subrayada)

Durante los primeros años del siglo, cambia el número de monumentos de Semana Santa. Variaba en uno, dos o tres dependiendo del año, pero a partir de 1712 ya se levanta sólo uno en la Iglesia Parroquial y desaparecen definitivamente los de las dos ermitas. También en 1712 deja de nombrarse, con nombres y apellidos, los anderos que llevarán cada paso y lo harán las hermandades en privado.
    Se aclara de nuevo que dos hermanos pedirán limosna, normalmente pertenecían a la hermandad que procesionaba en ese momento, pero no necesariamente. A partir de estos años ya sabemos que el Jueves Santo por la tarde procesionaba la Hermandad de la Vera Cruz, el Viernes de madrugada la del Santo Cristo y el Viernes por la tarde Nuestra Señora de la Soledad. El dinero recaudado en cada procesión era entregado al Hermano Mayor de cada cofradía y lo emplearía en pagarle al predicador.
El 2 de abril se 1719 tenemos una novedad importante, el mayordomo toma posesión de los enseres de la cofradía de la Vera Cruz: dos libros de cofradía (éste sería el segundo), un bufete de pino (mesa escritorio) con su cajón y su llave, una trompeta con su arca de pino y otro arca de pino sin cerradura ni llave.
Las actas de 1722 y 1723 están muy bien detalladas. La iglesia del pueblo es nombrada como de “La Concepción de María Santísima”, pero en 1734 y 1735 se nombra como de “Santa María de Gracia”. No se vuelve a llamar por su nombre en el resto de actas, sólo como “Iglesia Parroquial” .
En 1735 la Cofradía del Santo Cristo es mencionada como de “Jesús Nazareno”, y se nombra por primera vez la procesión del Viernes Santo por la tarde como “procesión del Santo Sepulcro” y no como de Nuestra Señora de la Soledad como hasta ahora se había hecho.
En las actas de los siguientes años se deja claro que esos nombres fueron un error del escribano, pero dicho error nos sirve para saber que la Cofradía del Santo Cristo procesionaba a la imagen de Jesús Nazareno de madrugada, y el Viernes Santo por la tarde, la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, sacaba al menos dos pasos: el Santo Entierro y la Virgen de la Soledad.
La verdadera incógnita es saber qué imagen procesionaba la Cofradía de la Vera Cruz el Jueves Santo por la tarde, sabemos que era una cruz, pero ¿cómo era? más adelante parece que se aclara algo.
En 1750 se advierte a las diferentes cofradías que reduzcan los gastos superfluos en las procesiones por los graves inconvenientes que ésto había tenido años atrás, pero no se dice nada de cuáles fueron esos inconvenientes, además parece ser que se envió esa advertencia desde el mismo obispado.
INVENTARIO DE LA ERMITA DE SAN ANTONIO 1757
El 28 de Julio de 1757, en presencia del Prior D. Salvador Mateo Rubio, se hace un inventario de todos los bienes y alhajas de la ermita de San Antonio de Padua extramuros de esta Villa (no lo confundamos con el inventario de la cofradía). Este inventario será entregado al Hermano Mayor Pablo Zafra, de la cofradía de la Vera Cruz, y a su mujer Juana de Úbeda, ambos se encargarán de custodiarlo. Algunos bienes de la ermita eran:
-Una talla de San Antonio con el Niño Jesús en los brazos.
    -Ropas y alhajas de San Antonio, la Virgen y el Santo Cristo, algunas las tenía el prior para que no las robasen.
-Había unas andas para San Antonio, otras para la Virgen, otras para el Santo Cristo y una Cruz de madera sobre sus andas que era la que salía en Semana Santa. También había un dosel de damasco para las andas de la Virgen.
    -Nuestra Señora de la Soledad en su altar y un Cristo Crucificado en la sacristía de la ermita.
    -El Santo Cristo (Nuestro Padre Jesús) no se encontraba en su altar de la ermita, supongo que estaría en la iglesia.
    -Había mantos bordados, atriles y otros muchos enseres, pero sólo hemos nombrado lo más significativo.
    Además de todo lo anterior, en la ermita vivía el ermitaño con su familia. Según el inventario, sabemos que en el Jueves Santo la Cruz que procesionaba debería de ser muy parecida a la de la foto, pero sobre sus andas.
A partir de 1768 se hace la reunión del Domingo de Ramos en la casa del señor Prior, y no en San Antonio, y la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad comienza a nombrarse como de “Nuestra Señora de los Dolores”, así hasta la última acta del libro que es de 1773. Lo demás se sigue haciendo igual: las tres procesiones, el nombramiento del eclesiástico que pronunciará los tres sermones, el nombramiento de Alférez Mayor y las personas que pedirán la limosna en dichas procesiones para pagar al predicador y los derechos parroquiales.
A partir de 1773 aparecen unas cuantas páginas en blanco, eso nos indica que dejó de tomarse acta de forma deliberada ya que había páginas suficientes. Pero la cofradía siguió existiendo al menos hasta 1888, ya que en el libro aparecen dos trozos de papel escrito metidos entre las hojas. En uno de ellos se reflejan los gastos en vino y aguardiente en la Fiesta del día de la Cruz del 3 de mayo de 1887, y en el otro papel los gastos en la compostura de las andas de la Santa Cruz en 1888, los carpinteros fueron Manuel Cortés y Juan Ruiz. A partir de aquí no tenemos noticias de la cofradía de la Santa Vera Cruz, sólo alguien recuerda haber oído algo de sus abuelos, pero nada más.
También parece claro que a partir de 1768 deja de utilizarse la ermita de San Antonio de Padua, sede de la cofradía y donde se guardaban muchos enseres de la misma. No sabemos si su abandono se debió a su estado ruinoso o fue otra la causa. La verdad es que nadie de los mayores del pueblo recuerda ni siquiera sus ruinas. Parece ser que sus piedras fueron trasladadas al pueblo para construir una casa y aún hoy podemos contemplar sus sillares bien labrados en las esquinas y fachada de ella.

A veces resulta inexplicable como un lugar tan emblemático para el pueblo como fue la ermita de San Antonio, y que sabemos de su existencia desde al menos 1577, pudo desaparecer sin más, sin haberse hecho un esfuerzo por recuperarla. Al igual que la desaparición de una cofradía que era la que cargaba con el peso de la organización de la Semana Santa en Villardompardo, al menos durante 150 años. La duración de dicha cofradía pudo prolongarse como mínimo desde 1623 hasta 1888, y terminó desapareciendo para siempre sin dejar rastro en la memoria de este pueblo.
Tal vez el inicio de su declive fuese una Real Cédula de Carlos III de 1777, que prohibía las procesiones de flagelantes en Semana Santa por el mal espectáculo público que daban. De todas formas en Villardompardo se dejó de hablar de flagelantes desde hacía más de un siglo, pero no podemos afirmar que en 1773 aún no existieran.

FUENTES: - Libro de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Villardompardo 1625.
-Algunas páginas de internet sobre el tema.
-Agradezco la colaboración de Javier Contreras Anguita.

Carlos Ramírez Perea