martes, 2 de agosto de 2016

CAPITULO XI
HISTORIA DE VILLARDOMPARDO Y SUS PERSONAJES

E
n las últimas publicaciones, no hemos seguido el orden cronológico que llevábamos en anteriores capítulos de la “Historia de Villardompardo”, el motivo ha sido el descubrimiento de algunos  acontecimientos curiosos que merecía la pena contar, como: “El Convento de la Virgen de Atocha”,  “la Guerra de los Moriscos” o “Cervantes a su paso por Villardompardo”.
A partir de este capítulo XI retomaremos de nuevo ese orden cronológico, comenzando por donde nos quedamos en el capítulo X. Así que empezaremos en el año 1800 y acabaremos en el 1808, año en el que comienza la Guerra de la Independencia contra Napoleón.
Fue una época muy complicada a nivel europeo, ya que Napoleón invadía buena parte del continente provocando guerras y penurias, aunque también extendió las ideas de la Revolución Francesa por toda Europa.

En España gobernaba Carlos IV (1788-1808) y su reinado se vio impactado por la Revolución Francesa y por el ascenso de Napoleón al poder. La ejecución en la guillotina del rey francés Luis XVI, obligó a la corona española a declarar la guerra a la Francia revolucionaria (Guerra de la Convención, entre 1793 y 1795) que supuso una enorme derrota para las tropas españolas. En 1796 Carlos IV y su ministro Godoy, dan un giro total a su política y se alían con Francia en contra de Gran Bretaña, esta alianza traerá como consecuencia otra gran derrota para España en la Batalla de Trafalgar (1805). Estas guerras provocarán una crisis en la Hacienda Real y el descontento del pueblo, que más tarde desembocará en una gran manifestación popular preparada por el mismo heredero al trono frente al palacio de Aranjuez (Motín de Aranjuez, entre el 17 y 19 de marzo de 1808). Carlos IV se vio obligado a destituir y encarcelar a Godoy, además abdica en favor de su hijo Fernando VII.
Dos meses más tarde, Napoleón llama a Carlos IV, Fernando VII, Godoy (que sale de la cárcel) y el resto de la corte, a  la ciudad francesa de Bayona, donde son obligados a abdicar y renunciar a sus derechos dinásticos. Napoleón cede la corona española a su hermano José Bonaparte, que reinará como José I.
Cuando el 2 de Mayo de 1808 el pueblo de Madrid se entera de los acontecimientos, estalla una revuelta popular que dará comienzo a la Guerra de la Independencia contra la ocupación francesa en España, y que durará hasta 1814.
El resto de acontecimientos los contaremos en el siguiente capítulo.

Por aquella época, el Conde de Villardompardo era D. Juan de la Cruz Belvís de Moncada y Pizarro, que nació el 4 de diciembre de 1756  en Madrid y murió el 20 de octubre de 1835, con 78 años de edad. Este señor sería el XI Conde de Villardompardo, además de una larguísima lista de títulos que heredó de sus padres.
Fue un absolutista convencido, que estuvo en Cádiz durante la guerra contra Napoleón. Fue depuesto de sus cargos en el Trienio Liberal y repuesto al acabar dicho trienio, jubilándose de sus cargos en 1833, poco antes de la muerte del rey.
Como hemos comentado en capítulos anteriores, Villardompardo era un Señorío Jurisdiccional, es decir, el Conde era el encargado de nombrar cada año los cargos más importantes del ayuntamiento, además de otros muchos privilegios como el uso obligatorio de su molino y su horno por el resto del pueblo.
El Concejo proponía a finales de año un grupo de personas que ocuparían los cargos para el año siguiente, siempre se hacía una propuesta doble, y el conde elegía a los que mejor le parecían. Como no conocía a nadie personalmente, siempre elegía a los de la primera propuesta.

LAS ACTAS CAPITULARES A PARTIR DE 1800

Los cargos concejiles fueron nombrados por el conde el 17 de Diciembre de 1799 para que ejercieran sus oficios a partir del 6 Enero de 1800. En este día se reúnen en las “Casas Capitulares” (ayuntamiento) los cargos salientes y entrantes. A los alcaldes entrantes se les entregaba el bastón de mando y juraban su cargo, y así todos los demás. Los nombrados fueron los siguientes:
Para alcaldes ordinarios a Pedro Becerra y Antonio Ximénez (Jiménez), para Regidores a Francisco Patricio García, Juan de Ortega y Francisco Gómez Morillas, para alcaldes del campo a Manuel de Jesús Garrido y Francisco Gay Moya, para apreciadores a Julián Becerra y Miguel de Rísquez Úbeda y para Padre General de Menores a Juan Antonio Gómez. Estas personas votaron más tarde a un Diputado, que salió elegido Bernardo José Armenteros, y un Síndico del Común: Bonoso de Amor.
El día siguiente, 7 de Enero, los elegidos se volvieron a reunir para nombrar a los componentes de la Junta de Propios, Junta del Pósito, Comisario de Fiestas, Procuradores de Pleitos, Depositario del papel sellado, Repartidor de la Bula y Toldero de la Sal. A estos cargos podían pertenecer algunos de los ya nombrados en oficios anteriores u otras personas.
Los ciudadanos que ocupaban estos oficios eran todos varones, mayores de 25 años y con cierto nivel socioeconómico, así que en un pueblo tan pequeño, una buena parte de las personas que cumplían estos requisitos ocupaban algún cargo en el municipio y era muy complicado renovarlos de un año para otro.

El 7 de marzo de 1800 se elabora una lista con los habitantes de Villardompardo y los forasteros que poseían propiedades en el pueblo o su término, acompañados del valor de su hacienda en Reales de Vellón, con el fin de pagar de manera proporcional los 300 millones “mandados formar por su Majestad” (se entiende que era a repartir por todo el país). Este listado es un auténtico reflejo socioeconómico del pueblo a principios del XIX. Cada número que aparece al lado del nombre, es el valor de sus posesiones. De él obtenemos conclusiones muy curiosas:


El total del valor de todas las haciendas (posesiones) tanto de habitantes del pueblo como de forasteros, ascendía a 1.470.777 Reales de Vellón. Podemos concluir que en general los vecinos del pueblo eran mucho más humildes que los forasteros, a juzgar por el valor de las posesiones de unos y otros. Entre todos destacaba el Conde de Villardompardo, con un valor de sus posesiones muy por encima de los demás. Sin embargo, la nobleza estaba exenta de pagar impuestos, al igual que la iglesia, así que no me explico que hace aquí el nombre del Conde y el Marqués del Cadimbo (el último).
El listado anterior fue elaborado por los dos alcaldes ordinarios ya nombrados, y el Prior de la iglesia de Villardompardo: D. Juan Francisco Colmenero. Este último sería quien realmente lo haría  porque los dos alcaldes ordinarios no “veían escribir”.
El 1 de Junio de 1800 se reúnen los miembros del Cabildo para nombrar a D. Francisco de Gálvez y León como médico de la Villa. Las condiciones fueron las siguientes:
- Debería permanecer en esta Villa durante al menos un año y asistir a sus vecinos enfermos. Este tiempo se podría prorrogar si el médico y los vecinos estaban satisfechos.
- Cobraría trescientos ducados anuales pagados por los vecinos, esa paga la recibiría en tres partes. También se le cederían dos cuerdas de tierra de buena calidad.
- Podría visitar enfermos de otros pueblos, siempre que en Villardompardo no hubiese alguien urgente.
 El 1 de Diciembre 1800 se reúnen los cargos del ayuntamiento para cumplir una orden del Señor Intendente de la Ciudad de Jaén. Dicha orden obligaba a cultivar una parte de la “Dehesa Rasa” para el sustento de algunos vecinos. Dicha porción debería ser repartida en “suertes” entre ellos. La otra parte de la dehesa llamada “El Chaparral” debería quedar como pasto para el ganado.
Poco antes, el 27 de octubre de 1800, Carlos IV había promulgado una Ordenanza para el anual reemplazo del “Exército”, con la que se vuelven a fijar entre otros asuntos:
- El modo de formar y rectificar el padrón del vecindario de los pueblos para el servicio del reemplazo del “Exército”.
- El modo de hacer las Justicias el alistamiento de todos los mozos.
- Modo de rectificarlo en el Ayuntamiento y de medir a los mozos para el desecho de los inútiles.
- Las formalidades que han de observarse en el acto del sorteo para el juicio de excepciones de los mozos alistados.
- Los exentos del sorteo para el servicio del reemplazo; el encantaramiento de las bolas, sorteo y personas que han de asistir a él.
- La prohibición de poner substituto los sorteados.
- Modo de proceder contra los prófugos del sorteo, así como su pena y de los que les auxiliaren.
- El destino de los quintos de una provincia o partido a un mismo cuerpo y su conducción a los Regimientos.
Por este motivo de elegir a los quintos, se elabora la siguiente lista del vecindario que difiere bastante de la anterior, ya que en ésta aparecen todos los vecinos y en la anterior sólo los que poseían algún bien.
Este padrón, con 154 vecinos, se presentó en el ayuntamiento el 30 de Marzo de 1801 y fue realizado por una comisión formada por Antonio Ximénez, Juan José de Águila y el Prior de la Iglesia de Villardompardo: D. Juan Francisco Colmenero. El 31 de Marzo de 1801 fue aprobado en un pleno del ayuntamiento al comprobar que no faltaba ningún vecino. También se hace constar que no hay ningún “Hijo Dalgo” (hidalgo) que gozase de exención alguna.
El 7 de Abril, el Padrón es remitido  al Señor Corregidor de Jaén. El acta es firmada por el escribano (secretario) D. Bernardo de Domingo Arranz (vivía en la casa de Ramón Prados).
En 1802 no aparece nada interesante, sólo los nombramientos y juramentos de los cargos concejiles realizados como era costumbre.

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En 1803 el escribano nos regala esta buena caligrafía para celebrar la entrada de año, la mayor parte de las actas se refieren igualmente a nombramientos de los cargos concejiles y sus juramentos en las tomas de posesión. El 2 de Febrero podríamos destacar el nombramiento como médico del pueblo a D. Sebastián de Cabrera y Ruiz, era también medico titular de Torredonjimeno. Las condiciones eran que el citado D. Sebastián debería visitar a los enfermos de esta villa una vez a la semana por el plazo de un año, el sueldo sería de trescientos treinta Reales (seguro que serían ducados), y el contrato se podría prorrogar otro año más si ambas partes estuviesen de acuerdo.
Otro acuerdo curioso fue el siguiente: Antonio Morillas poseía un “caballo padre” sano y apto para la monta de yeguas, así que el 27 de marzo, en un pleno del ayuntamiento, se llega al acuerdo de que cada propietario de yeguas que deseara que su animal fuese montado por dicho caballo, debería pagarle 70 reales.
En el año 1804 el señor conde envía desde Madrid el documento de todos los años, mitad impreso y mitad manuscrito, nombrando los cargos concejiles. En otro documento diferente se envía el de Alguacil Mayor, que este año recayó en Juan Rodríguez. En un pleno del 21 de Enero se realiza la ceremonia de entrega de bastones de los cargos salientes a los entrantes, y se les toma juramento. En otros plenos se nombran a otros cargos en los que no intervenía directamente el conde. Hubo un problema al nombrar como Síndico Personero a Jerónimo de Gámez, ya que éste tenía un pleito pendiente con el ayuntamiento.
El 22 de Enero de 1804 se reúne el pleno del ayuntamiento con el fin de contratar a un nuevo médico, ya que el año obligatorio del anterior doctor (D. Sebastián) ya estaba cercano a concluir. El nuevo médico titulado sería D. Cristóbal Cáliz. Hacemos mención a este acuerdo porque vienen muy bien especificadas las condiciones del contrato. Eran las siguientes:
-          Se le debería pagar quinientos ducados al año menos ciento cincuenta y seis reales.
-          De esa cantidad, dos mil doscientos reales los debería pagar el Reglamento de Propios (el ayuntamiento) y los tres mil ciento cuarenta y cuatro restantes los pagarían los vecinos mediante un sistema llamado Igualas. Estas iguales las cobrarían las justicias del pueblo en tres plazos y el dinero recaudado se lo llevarían al médico.
-          Si el médico se establecía en el pueblo, habría que pagarle además otros ochocientos reales de vellón.
El sistema monetario no era decimal, por lo que era difícil calcular las equivalencias, ya que un real equivalía a 34 maravedís y un ducado a 375 maravedís. Así que un ducado eran 11 reales (casi tres antiguas pesetas). Para hacernos una idea, el médico pedía 1336 pesetas anuales, es decir, algo más de 8 Euros actuales.
Las igualas era una cantidad de dinero que cada vecino debería pagar al médico para que pudiese ser atendido en caso de enfermedad, pero no era algo obligatorio. Lo podríamos comparar con “un seguro médico” actual. Por este motivo, se hace una lista con todo el vecindario (ya es el tercer listado en lo que va de siglo) con una cantidad anotada al lado de cada uno, imagino que es lo que tendría que pagar. No todos contribuían con igual cantidad, por ello deduzco que cada vecino pagaría en función de su riqueza. La cantidad más pequeña que aparece es de 4 reales y la mayor de 40 reales, muy pocas personas decidieron no pagar. En la foto tenéis un detalle de ese listado.

DESLINDE ENTRE LOS TÉRMINOS DE VILLARDOMPARDO Y TORREDELCAMPO.
Con este apartado no pretendo abrir viejas rencillas entre dos pueblos vecinos y más aún si tenemos en cuenta que todo acabó en 1932, después de 128 años de desacuerdos y malos entendidos. Antes de nada, quisiera agradecer al ayuntamiento de Torredelcampo su colaboración al enviar al de Villardompardo toda la información que poseía respecto al deslinde de ambos términos.
Todo comenzó el 10 de Junio de 1804, cuando Torredelcampo consiguió la independencia de Jaén por Carta Ejecutoria de S.M. Carlos IV. En esa misma fecha se nombra a D. Joaquín de Guzmán el Bueno y Sánchez Barrero, como Juez para el señalamiento y amojonamiento del territorio que correspondía a Torredelcampo, para ello se citó a los señores componentes del ayuntamiento de Villardompardo: regidores, síndico, diputado del común, alguacil mayor y escribano.
 El deslinde se llevó a cabo entre el 12 y 13 de Julio de 1804 atendiendo a unos documentos que poseía Torredelcampo sobre el antiguo término. A partir del “Cerro la Zahúrda”, la comisión de Villardompardo expresó su disconformidad, y en ese momento se le pidió documentación que avalara el deslinde que proponía nuestro pueblo, pero carecían de ella, así que se continuó con la labor atendiendo a los documentos que poseía Torredelcampo. Cuando acabó el proceso, D. Domingo de Izaguirre levantó acta. La comisión de Villardompardo sólo se limitó a esa protesta verbal, pero no consta que dicha protesta se hiciese por escrito, además, todos firmaron el acta. El 17 del mismo mes, el juez da por concluido el deslinde y otorga a las autoridades de Torredelcampo la posesión real, actual, civil y natural de dicho término.
A partir de este momento comienzan los problemas para Villardompardo, ya que al no presentar su protesta por escrito y  firmar el acta, ésta servirá como antecedente para otros deslindes que se hicieron en épocas posteriores, atendiendo a las distintas leyes que fueron apareciendo a lo largo de la historia, como veremos en siguientes capítulos.
No sabemos de dónde sacó Torredelcampo los documentos antiguos que hablaban sobre los límites del término con Villardompardo. En nuestro pueblo parece ser que no existían papeles que certificaran dichos límites, sólo se sabían por tradición. Al no poseer copia de ese acta de 1804, no podemos afirmar nada con rotundidad.
En 1874 se procedió a un nuevo deslinde entre los dos pueblos atendiendo a nuevas leyes. Este deslinde fue el mismo que el de 1804 y la protesta de Villardompardo fue idéntica, pero de ello hablaremos en otros capítulos.

En el mes de Noviembre de 1804, el conde de Villardompardo envía al ayuntamiento la carta fotografiada al margen, firmada de su puño y letra, advirtiendo al concejo la necesidad de mandar a primeros de Diciembre los nombres de las personas que deberían ocupar los diferentes puestos  concejiles para el año siguiente, con el fin de hacer la elección con tiempo suficiente, no como otros años que se había remitido demasiado tarde.
El 19 de Diciembre de ese año se remiten al señor conde la propuesta de cargos concejiles para 1805.
En 1805 todo es igual, sólo hay un problema en el mes de Julio con el abastecedor del jabón, que era Manuel Rodríguez, vecino de Torredelcampo. Parece ser que no cumplía con su obligación, así que se le llamó la atención y se le “envió recado” para que no faltase jabón en el pueblo.

INAUGURACIÓN DEL CEMENTERIO DE LA VIRGEN DE ATOCHA

El primer intento de ubicar los cementerios fuera de los muros de las parroquias surge el 3 de abril de 1787, cuando se ordena mediante una Real Cédula dictada pos Carlos III, la construcción de los cementerios en lugares ventilados y cercanos a las iglesias. Su fin era evitar los malos olores  en su interior y la transmisión de epidemias. Esta normativa no se cumplió en la mayoría de los lugares, ya que era muy difícil convencer a una población tan aferrada a sus costumbres, de los problemas de salud que suponía enterrar a sus difuntos en un lugar cerrado y donde diariamente acudía mucha gente. Habrá que esperar al reinado de su hijo Carlos IV para que el 26 de abril de 1804, en una circular y utilizando mucho ingenio, diga que: “no se pueden convertir los templos, que son la casa de Dios, en depósitos de pudredumbre y corrupción”.
La normativa de Carlos IV para construir los cementerios fuera de las iglesias debería de cumplir una serie de requisitos, como por ejemplo:
Levantar a su alrededor un muro lo suficientemente alto como para impedir la entrada de animales o personas que pudiesen ocasionar actos de profanación.
Los cementerios deberían ser levantados en lugares ventilados, fuera del poblado, y donde no hubiese aguas subterráneas que pudieran ser contaminadas por los cadáveres.
Aprovechar las ermitas que hubiesen en las afueras de los pueblos como capillas cementeriales.
En Villardompardo había dos lugares que cumplían claramente todos esos requisitos: uno era la ermita de la Virgen de Atocha y el otro la ermita de San Antonio de Padua, situada al comienzo del camino de San Antonio. Sin duda se eligió la ermita de la Virgen de Atocha por dos motivos: en primer lugar por la cercanía a la iglesia parroquial y en segundo lugar por poseer la iglesia una parcela de un celemín de tierra contigua a la ermita. En aquellas fechas la Virgen de Atocha se encontraba aislada de la población, aunque bastante cerca del núcleo urbano. Existían casas enfrente de la ermita, pero desde ella hasta el castillo era terreno de cultivo y cercados para los bueyes* (toda esa zona se llamaba “El Campillo”).
Atendiendo al testimonio de algunas personas mayores que aseguran lo frecuente que era encontrar
restos humanos por los corrales de esa zona, y trazando un terreno equivalente a un celemín sobre ellos, podríamos aproximarnos a la localización del antiguo cementerio (foto del margen).
 No he encontrado ningún documento claro de la fecha de su inauguración, sólo un cambio en el acta de defunción de la menor “Manuela Ortega” donde  se dice claramente que fue enterrada en el cementerio el día 27 de Agosto de 1805 (foto de abajo). Todas las actas de defunción anteriores a
esta fecha hablan del entierro del difunto en la “Fábrica de la Iglesia”, se refiere al interior del templo. Este cementerio no duraría mucho tiempo, seguramente por la cercanía al pueblo y a la necesidad de expandir el casco urbano hacia toda esa zona. En un plano de 1890 se ve como, a pesar de existir ya el cementerio viejo (cerca de la ermita de San Antonio), se hace un enorme “cerco” al cementerio ya inutilizado de Atocha, y el pueblo “se resiste” a crecer hacia ese lugar. Al final, la memoria colectiva se olvida de ello y se termina construyendo casas sobre él, esto ocurrirá en la década de los años 20 del siglo pasado.
*Los cercados para vacas y bueyes se llamaban tinados o tinaos y eran muy abundantes en aquella época.

En 1806 sólo aparece el nombramiento de los cargos concejiles y del alguacil mayor, que sigue siendo Juan Rodríguez.
En 1807 igual, nombramiento de cargos concejiles y alguacil mayor, esta vez se nombra a Juan de Alcalá.
 El 13 de Agosto se reúne el concejo de la villa para contratar como médico a D. Vicente Roldán, médico titular de Torredonjimeno. Las condiciones eran que tenía que venir dos veces por semana en los meses de invierno, y tres veces en los meses de Agosto, Septiembre y Octubre. Se le pagarían 1700 reales procedentes de la igualas de los vecinos, que se las cobrarían de una vez en Agosto, y 2200 de la Dotación de Propios (ayuntamiento). Si tenía que venir a una urgencia desde Torredonjimeno, el médico asumiría el gasto y manutención de sus caballerías.
El 13 de Octubre de ese año se recibe una orden del señor intendente de Jaén, para que se nombre en el pueblo una comisión que cobre el impuesto de cuatro maravedís por cada cuartillo de vino de consumo, que debía pagar este pueblo cada año a su Majestad.
El 10 de Noviembre de ese año se reúne el concejo para cumplir una orden enviada el 17 de Octubre por el Señor D. Manuel de Asprer, intendente de la ciudad de Jaén. La orden era nombrar a una comisión para informar de los ganados y yuntas de labor que había en el pueblo. Sin duda soplaban vientos de guerra y esta información era importantísima. No disponemos de ese informe sobre el ganado, que sería muy curioso.
Debemos tener en cuenta que el 27 de Octubre de 1807 se firma el Tratado de Fontainebleau entre España y Francia, según el cual se dejaría paso libre a las tropas francesas por territorio español, con el fin de invadir Portugal y repartirlo entre ambos estados. España también contribuiría a la manutención del ejército francés y a su apoyo logístico, de ahí la importancia de saber el número de animales para alimento y carga con los que se podría disponer en todo el territorio nacional, siendo el preludio de la Guerra de la Independencia que contaremos íntegramente en el siguiente capítulo.

FUENTES CONSULTADAS
- Actas Capitulares de esa época. Archivo Histórico del Ayuntamiento de Villardompardo.
- Actas de defunción del Archivo de la Iglesia Parroquial de Villardompardo.
- Documentos judiciales sobre el deslinde entre los términos municipales de Villardompardo y  Torredelcampo.
- Diversas páginas de internet sobre historia de España.
- Relatos de algunas personas mayores sobre el cementerio de Atocha y su ubicación.

                                                                                                                        Carlos Ramírez Perea 

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