martes, 27 de septiembre de 2016

CAPÍTULO XII
EL TRANSCURSO DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN VILLARDOMPARDO

CONTEXTO HISTÓRICO

E
l 18 de Octubre de 1807 el ejército francés ya había comenzado a pasar la frontera por el Bidasoa, pero en lugar de dirigirse hacia Portugal, como se pactó en el Tratado de Fontainebleau, empezaron a situarse en diferentes ciudades españolas de forma estratégica, controlando las comunicaciones con Portugal y con Madrid. El total de efectivos ascendía a 65.000 soldados franceses. Estas tropas pronto comenzaron a verse  como una amenaza, aumentando el descontento entre la población debido a sus abusos de poder y consumo de víveres.
En 1808 los acontecimientos se precipitan. El 17 de marzo se produce el Motín de Aranjuez y Godoy es destituido, al mismo tiempo abdica Carlos IV en favor de su hijo Fernando VII. El 23 de ese mes entran las tropas francesas en Madrid, pero Fernando VII las ve como aliadas. El 20 de Abril llegan a Bayona Carlos IV y Fernando VII convocados por Napoleón, el emperador consigue que para el 5 de Mayo, ambos, padre e hijo, renuncien a sus derechos dinásticos y cedan la corona al hermano de Napoleón, José I. Para entonces ya había estallado la revuelta del 2 de Mayo en Madrid y los fusilamientos masivos del día siguiente, que causan una indignación enorme entre la población. Rápidamente esos acontecimientos trascienden al resto de España y los ánimos se caldean por todo el país. La inmensa mayoría no reconoce a José I como su rey y, con Fernando VII recluido en Francia, surge un vacío de poder que habría que solucionar lo antes posible. De forma casi espontánea, se crean Juntas Provinciales en muchas ciudades y pueblos, formadas por personas notables de cada lugar, su función sería intentar coordinar la sublevación contra los franceses. De entre todas las Juntas Provinciales destacó la de Sevilla, que se declaró a sí misma como “Junta Suprema de España e Indias” y es la que declara oficialmente la Guerra a Francia el 6 de Junio de 1808, comenzando la Guerra de la Independencia que se prolongará hasta 1814.
La campaña contra los franceses de ese verano fue un éxito, obteniéndose triunfos tan importantes como el de la Batalla de Bailén (19 de Julio) el sitio de Zaragoza y la entrada del General Castaños en Madrid, que consiguieron replegar al ejército francés hasta el norte del río Ebro. A pesar de estos triunfos, la descoordinación militar y política eran evidentes, así que fue necesaria la unión de miembros destacados de las diferentes Juntas Provinciales en una Junta Central Suprema y Gubernativa del Reino, que gobernaría España desde el 25 de Septiembre de 1808 hasta el 30 de enero de 1810. La Junta se establece en Aranjuez y es presidida por el conde de Floridablanca.
Pero la contraofensiva francesa no se hace esperar, y el mismo Napoleón entra en el país al mando de 250.000 hombres bien armados y experimentados, “La Grande Armée”, que barre literalmente de norte a sur la resistencia española y el ejército británico desembarcado en la península. Estos acontecimientos ocurren entre finales de 1808 y principios de 1809. La Junta Central abandona rápidamente Aranjuez para huir a Sevilla y de aquí a Cádiz, que resiste un largo y brutal asedio desde el 2 de Febrero de 1810 hasta el 24 de Agosto de 1812. Realmente el sitio no afectó sólo a la ciudad de Cádiz, sino también a San Fernando , llamada en aquella época Real Villa de la Isla de León, donde se establecerían la Junta Central y luego las Cortes durante unos pocos meses.
Las tropas francesas se atrincheraron en las ciudades del Puerto de Santa María, Chiclana de la Frontera y Puerto Real, desde donde se dedicaron a bombardear Cádiz y San Fernando con cañones que apenas alcanzaban los tres kilómetros, distancia insuficiente para afectarlas seriamente, de ahí la guasa y coplillas que les sacaron los gaditanos: “con las bombas que tiran… los fanfarrones…” (en la foto tenemos un mapa de la Bahía de Cádiz y la parábola de los proyectiles lanzados)
La Junta Central se disolvería a finales de Enero de 1810, desacreditada por las derrotas militares frente a los franceses, y será sustituida por una Junta de Regencia formada por cinco personas. Esta Junta sería la encargada de convocar las Cortes, que por fin quedaron constituidas el 24 de Septiembre de 1810 en San Fernando (Isla de León). El 19 de marzo de 1812, tras muchísimos acuerdos y deliberaciones, terminan publicando la primera Constitución Española: “La Pepa”.

ETAPA 1: ACATAMIENTO A LA JUNTA CENTRAL SUPREMA EN VILLARDOMPARDO

A pesar de todo el tremendo lío acontecido en 1808, en las Actas Capitulares de Villardompardo no aparece en ese año ninguna referencia a la guerra. El conde nombra a los cargos concejiles que aparecen más abajo, enviando los documentos acostumbrados desde Madrid. Se celebra el acto de toma de posesión de los cargos y se forman las juntas acostumbradas, para llevar a cabo las actividades de siempre. Estos fueron los cargos de aquel histórico año:
Para Alguacil mayor a Juan Rodríguez
Alcaldes ordinarios: Juan Gay de Oca y Diego de Ortega
Para regidores: Francisco Gay, José de Rísquez  y Juan de Murcia
Para alcaldes de campo: Juan Gay Casado y Miguel Peragón
Para apreciadores: Julián Becerra y Francisco García de Torres (C 2 FOTO 50)
El 27 de febrero de ese año, el vecino de Jaén D. José Espiga, que tenía bastantes propiedades en Villardompardo, pidió al concejo ser admitido como vecino en este pueblo, pero de forma casi unánime no se aceptó por “los perjuicios que podría causar dicho señor”…no se dice nada más.
En Abril se acuerda contratar el caballo “padre” de  D. Ramón María de Torres, que tenía en el “Burrueco”, para montar todas las yeguas de esta villa que serían unas veinte cabezas. Lo de montar a todas las yeguas, me da que pensar si no obedece a alguna orden del gobierno para aumentar el número de caballos en todo el territorio por motivos de guerra. En otros años pasados, han sido muy pocos los propietarios que estaban dispuesto a criar potros, de todas formas no se hace referencia a ninguna orden.
En Diciembre, como todos los años, se envían al conde las propuestas de cargos concejiles para el 1809. (C 2 FOTO 54)
A partir de 1809 las cosas comienzan a cambiar mucho y el número de actas capitulares se hace muy abundante. Claramente se ve que la situación es complicada. Sin ir más lejos, el conde de Villardompardo envía el nombramiento de los cargos concejiles desde El Puerto de Santa María (Cádiz) y no desde Madrid. Como hemos comentado anteriormente, los franceses ocupan entre finales de 1808 y principios de 1809, casi la totalidad del país. La Junta Central Suprema, además de muchas otras personas, se refugian en Cádiz y alrededores ya que aún no había comenzado el sitio a la ciudad. El Conde de Villardompardo pudo formar parte de esa Junta Central Suprema, pero hasta ahora no lo puedo confirmar con exactitud. Hay un tal “Marqués del Villar” nombrado por Murcia y miembro de dicha Junta. Si fuese él, debería poner “Conde del Villar o Marqués de Bélgida”, por eso me parece extraño lo de “Marqués del Villar”, tal vez fuese un error.
El 6 de Junio de 1809 se reúnen los miembros del concejo para cumplir una real orden del 26 de mayo pasado, según la cual debería formarse en todos los pueblos una junta compuesta por un regidor, un procurador síndico y un eclesiástico, con el fin de atender asuntos de bagajes y alojamientos. Se nombró a Antonio Morillas (regidor), Julián Becerra (procurador) y D. José Molina (prior de la iglesia del pueblo). Como “Bagajes” debemos entender la contribución que deberían  hacer los pueblos con carros y caballerías al paso de las tropas, enseres y soldados enfermos por sus caminos. De ésto se libraban los pueblos apartados por donde no pasaban las tropas de guerra.  Ésta pudo ser la causa por la que, a principios del siglo XX (posiblemente en 1913), el ayuntamiento de Villardompardo se negó al paso por su término de la carretera comarcal que transita por  El Pilar de Moya, Escañuela y Arjona. Me contaron que se opusieron a ello para evitar el paso y alojamiento de tropas en el pueblo. (C 2 FOTO 62)
El 20 de Junio de 1809 se recibe una carta del señor intendente de Jaén, D. Juan de Modenes, para que se nombre en este pueblo a un comisionado y se pase por la contaduría de la ciudad de Jaén. El motivo era firmar los recibos correspondientes del importe de los suministros, que los vecinos de este pueblo habían enviado, el año pasado de 1808, a las tropas españolas. Se nombra como tal comisionado a Juan Rodríguez, alguacil mayor de Villardompardo. Como vemos, nuestro pueblo contribuye de forma directa a la manutención del ejército español.
El 31 de agosto de 1809 el Sr. D. Ventura Escalante, Capitán General de los cuatro Reinos de Andalucía, nombró desde Sevilla a Patricio García, vecino de Villardompardo, como Subteniente Comandante de las dos escuadras de Milicia Honrada de esta Villa.
Las Milicias Honradas eran unos cuerpos creados por mandato de la Junta Central Suprema, cuyo fin era mantener el orden en aquellos pueblos donde la guerra no los afectaba directamente. Cada Milicia debería estar formada por un número de personas proporcional a los habitantes del pueblo, y sus miembros deberían ser personas que no necesitaran trabajar diariamente como jornaleros para mantener a su familia, además, ellos mismos tenían que proporcionarse el uniforme, caballería y armamento. No se dice cuántos miembros formaron la Milicia Honrada en Villardompardo, sólo se nombra a Patricio García. (C 2 FOTO 63)
El 6 de diciembre de 1809, se envía al señor conde la propuesta doble de los cargos que deberían ocupar el ayuntamiento para el año 1810. A finales del mismo mes se recibe el nombramiento de los cargos concejiles para el siguiente año, firmado del puño y letra del conde, pero esta vez envía el documento desde Cádiz capital. Recordemos que en Febrero de 1810 comienza el sitio a la ciudad, y las tropas francesas ocupan tres pueblos alrededor de la misma, uno de ellos El Puerto de Santa María, donde residía el conde. Así que ante la inminente ocupación de dicha localidad, este señor se ve obligado a trasladarse a Cádiz, lugar más seguro.
La ceremonia de traspaso de cargos se realiza el 6 de Enero  en el ayuntamiento según la costumbre de siempre.

ETAPA 2: DE ACATAMIENTO A LA OCUPACIÓN FRANCESA EN EL AYUNTAMIENTO DE VILLARDOMPARDO

El 23 de enero de 1810, la ciudad de Jaén es tomada por las tropas francesas y establecen como centro de operaciones el Castillo de Santa Catalina. La ocupación durará hasta el 17 de septiembre de 1812. En esta última fecha el ejército francés tiene que abandonar la capital al ser expulsado por las tropas angloespañolas. Durante los aproximados 2 años y 9 meses que dura la ocupación, Villardompardo acatará las órdenes que se le envía desde Jaén por las autoridades afines a José I. De todas formas, durante todo el año 1810, se respetarán los cargos del ayuntamiento nombrados en diciembre del año anterior por el Conde de Villardompardo.
Unos días más tarde ya se recibe la primera orden de las autoridades francesas:
El 31 de enero de 1810 se reúne el Concejo de Villardompardo para tratar sobre dos cartas enviadas por el señor intendente interino de la ciudad de Jaén, D. Ignacio Pérez, en el que se incluye un extracto impreso de D. José Napoleón, Rey de las Españas y de las Indias, según el cual cada individuo militar de la clase que fuese, podrá retirarse a su domicilio siempre que estuviese en provincias ya sumisas al nuevo rey, y con premios si se presentan con caballo y armas. Con esta medida se pretendía retirar soldados que estuviesen en contra de los franceses. (C 2 FOTO 69)
El 9 de febrero de 1810 muere el secretario del ayuntamiento D. Bernardo de Domingo Arranz, así que el pleno municipal decide nombrar como nuevo secretario (lo llamaban “fiel de fechos”) a Bernardo José de Armenteros, hombre inteligente y de confianza para todos. Como Arranz también era “Fiel de fechos” del Real Pósito de Villardompardo, fue necesario nombrar a otra persona para este fin, en este caso se decidió por Gaspar Domingo y Pereda.
En Julio de ese mismo año, Gaspar Domingo y Pereda, renuncia a su puesto de secretario del pósito por tener sólo 17 años, y eran necesarios 25 años como mínimo. Además, el sueldo que se le pagaba era muy bajo y no le dejaba tiempo para trabajar en el campo, que era lo que realmente le proporcionaba dinero para sustentar a su familia.
A continuación aparece una interesante factura (traspapelada) del coste de los portes, de grano y paja, que el pueblo de Villardompardo llevó a la ciudad de Andújar para ser enviados a las tropas de Sevilla. Estos gastos fueron:
-          213 arrobas de paja, que costaron 3195 reales su porte.
-          19 fanegas de cebada y 15 de trigo que costaron 1530 reales su porte.
-          Una fanega de garbanzos que costó 60 reales el porte.
-          Vino y vinagre (no se especifica cantidad) que costó 775 reales el porte.
La factura está firmada el 15 de Noviembre de 1810
El 17 de abril de 1810, José Bonaparte decreta una nueva ordenación del territorio. Desaparecen los antiguos reinos, y el país se divide en 38 prefecturas parecidas a los departamentos franceses. De hecho, en las actas capitulares de Villardompardo, se  habla de departamentos y muy pocas veces de provincias, en lugar de prefecturas. Estas prefecturas recibieron el nombre de accidentes geográficos, sobre todo nombres de ríos. La actual provincia de Jaén, quedó englobada en la Prefectura del Guadalquivir Alto, con capital en Jaén. Al mando de cada prefectura se encontraba un Prefecto, figura similar a la de un gobernador. Esta nueva ordenación territorial durará hasta 1813, pero no se pudo implantar en todo el territorio nacional.
El 6 de noviembre de 1810, sabemos que el Conde de Villardompardo entra a formar parte de las Cortes de Cádiz, ya que en el Diario de Sesiones (Sesión Secreta) D. Juan de la Cruz Belvís de Moncada, III Marqués de Bélgida y Conde de Villardompardo, toma juramento en calidad de sumiller de corps interino durante la regencia del Marqués de Castelar. También se puede comprobar que no está entre los firmantes de la Constitución de 1812, así que su permanencia en las Cortes debió de ser corta.
El 4 de Diciembre de 1810  aparece un informe muy interesante, en el que se refleja la riqueza del conjunto de los vecinos y forasteros que poseen algún bien en el término de esta villa. También el valor de los bienes que antes fueron del “Exmo.  Señor Marqués de Bélgida y Mondéjar” (Conde de Villardompardo) y que ahora son nacionales. José Domínguez y Antonio Alcalá, fueron nombrados por el ayuntamiento como peritos para calcular el “justiprecio” de todos los bienes. Estos fueron:
- El valor del caudal y bienes de todos los vecinos se justipreciaron en 478.430 reales.
- El valor de los hacendados forasteros se justipreciaron en 911.810 reales.
- El caudal de D. Manuel María de la Orden, que son todas las tierras y huertas que en este término tenían los bienes nacionales que se adquirieron del expresado Marqués de Bélgida ascienden a 333.500 reales.
Este último párrafo está copiado literalmente porque no llego a entenderlo bien. Interpreto que todos los bienes del Conde fueron nacionalizados y cedidos a D. Manuel María de la Orden para su aprovechamiento agrícola.
- El valor de los términos nacionales de esta villa la justipreciaron en 867.100 reales (entiendo por estos bienes a todos los que poseía el municipio: dehesas, montes y tierras de ruedo)
Posteriormente aparecen valoradas las tierras de labor y otros bienes de forma muy precisa:
- 130 fanegas de tierra de labor de 1º a 1000 reales……………………… Total 130.000 reales
- 310 fanegas de tierra de labor de 2ª a   750 reales……………………… Total 232.500 reales
- 334 fanegas de tierra de labor de 3ª a   350 reales……………………… Total 116.900 reales
- 2111 olivos de 1ª clase a 240 reales……………………………………………...Total 506.640 reales
- 1150 olivos de 2ª clase a 140 reales………………………………………………Total 161.000 reales
- 100 olivos de 3ª clase a 40 reales………………………………………………….Total 4000 reales
También se valoraron las posesiones que habían sido del  Señor Conde en el casco urbano de Villardompardo. Estas fueron:
- Casa Cortijo del Conde (se refiere al castillo)……………………………….Total 5.000 reales
- El Horno de Pan-cocer…………………………………………………………………Total 4.000 reales
- El molino de aceite……………………………………………………………………..Total 4.000 reales
- La Bodega y el Granero……………………………………………………………….Total 2.000 reales
-Las tres huertas…………………………………………………………………………Total 6000 reales (valían más que el castillo) (C 2 FOTO 97, 98)
El 12 de enero de 1811, da comienzo una etapa totalmente diferente en el ayuntamiento de Villardompardo. El Señor Prefecto de la provincia, envía una orden para que se elijan a veinte individuos adecuados para ocupar los cargos del consistorio. De ellos, dicho señor elegiría a los diez que formarían la municipalidad del pueblo, así que por primera vez después de siglos, no será el conde quién lo decida, y jamás lo volverá a hacer.
Finalmente, el 28 de enero, el prefecto nombra a estas diez  personas que tenemos en la foto.
A primeros de febrero todos juran su cargo, y el tres de ese mes se eligen las diferentes juntas para el pósito, propios, fiestas… (C 2 FOTO 84)
El 15 de abril de 1811 se recibe una orden del señor Prefecto de este Departamento, para que se mande una comisión nombrada por este ayuntamiento, con el fin de liquidar cuentas en la Tesorería de Jaén con todo lo que este pueblo había contribuido al ejército francés, desde el año pasado de 1810 hasta la fecha de hoy. Nombraron a Juan Rodríguez para que fuese a dicha tesorería para liquidar cuentas y suministros. Estos fueron los extractos de los recibos que se presentaron al señor Prefecto de este Departamento:
● Primero, un recibo de 6331 reales que era el cupo que le correspondía pagar a este pueblo de un total de 7.344.400 reales, que el Duque de Dalmacia tenía asignado a esta provincia para la subsistencia de la tropas acantonadas en “las Andalucías” (se refería a tropas francesas). Este recibo fue pagado en junio de 1810.
● Recibo de 3745 reales pagado en Jaén por Juan Rodríguez por la contribución que mandó repartir el conde Sebastiani en febrero de 1810.
● Otro recibo de 1465 reales pagados a la tesorería de Jaén, por el cupo que le correspondía por los 700.000 reales que deberían pagar entre todos los pueblos de la provincia. Recibo de septiembre de 1810
● Recibo de 2807 reales pagados en Jaén el 16 de enero de 1811 que le correspondía a este pueblo por los 500.000 reales de contribución mensual.
● Otros 3489 reales por el cupo en el repartimiento de 333.333 reales. Pagados el 13 de diciembre de 1810.


● Recibo de 1000 reales pagados en la Tesorería de Jaén el dia 16 de enero de 1811
● Otro recibo de siete camas completas que se han pagado en Jaén con fecha del 21 de enero de 1811
● Recibo de 9604 reales por la quinta parte del grano que había en el pósito y la totalidad del dinero que había en metálico, pagado el 22 de junio de 1810
● Otro recibo de 8186 reales por la quinta parte del grano del pósito y la totalidad de lo que había en metálico, pagado el 5 de julio de 1810
● Recibo de 2985 reales por el mismo motivo que los dos anteriores, pagado el 10 de julio de 1810.
● Otro recibo de 2520 reales pagados a la tesorería de Andújar por el valor del vino enviado a las tropas acantonadas en Sevilla.
● Recibo de 15 fanegas de trigo, 19 de cebada, 4 arrobas (no se dice de qué) y quince libras de garbanzos enviados a Andújar el 5 de octubre de 1810 para mandarlos a las tropas de Sevilla.
● Otro recibo de 216 arrobas de paja por el mismo motivo anterior, el 5 de octubre de 1810.
Como vemos, el desembolso que tuvo que hacer Villardompardo para contribuir a las tropas francesas acantonadas en Sevilla fue tremendo para sus recursos. (C 2 FOTO 85)
El 10 de noviembre de 1811 se reciben unas órdenes para llevar lo antes posible el trigo de la tercia de Villardompardo a los almacenes de reserva de Andújar. También 1729 reales para la construcción de hornos en esa ciudad, que deberían obtenerse del pago de todos los habitantes del pueblo.
El 24 de noviembre de 1811 se recibe una orden del señor Prefecto de la provincia para que se renueven cinco de los diez cargos municipales del ayuntamiento para el año venidero de 1812. En este acta se hace constar el nombre de los otros cinco municipales que van a continuar para el año próximo, ya que eran personas de gran valía por ocupar cargos importantes en el municipio, éstos eran: Bartolomé Gay, Diego Ortega, Pedro de la Cámara, Antonio Higuero (viene escrito Yguero) y Bonoso de Amor.  (C 2 FOTO 89)
El 1 de diciembre de 1811 se lleva a cabo la votación de los cinco nuevos municipales para el año 1812. La elección se haría en la iglesia parroquial tras el toque de campana (el prior era D. Bartolomé de Alcázar). Sólo podrían votar aquellas personas que habían contribuido con paja y utensilios al ejército francés. Estos votantes fueron: Juan Rafael de Anguita, Gaspar de Domingo, Francisco de Medina, Juan de la Cámara Pariente, Julián Becerra, Antonio Morillas, Francisco de la Cruz, Francisco Calvache, José Domínguez, Juan de Morales, Juan Simón Fernández y Luis Hijosa (doce en total). Eligieron a los cinco nuevos cargos municipales: Antonio Morillas, Julián Becerra, Fernando de Moya, Antonio Ximénez y Alonso Manuel García. (C 2 FOTOS 94 Y 95)
En diciembre de 1811 (sin especificar día) se reúne la Junta Municipal para acordar la compra de cuatro caballerías para las brigadas de este pueblo (tal vez se refieran a las Milicias Honradas de las que ya hemos hablado). Los miembros de estas brigadas estaban utilizando animales de su propiedad, así que protestaron ante el ayuntamiento por el perjuicio que les estaba causando el desgaste de sus animales. Es por ello que se decide comprar cuatro “caballerías mulares” pagadas por todo el vecindario. (C 2 FOTO 98)
El 15 de diciembre de ese mismo año, se reúne la Junta Municipal compuesta por: Juan Rodríguez (corregidor), Patricio García y Pedro Ruíz (Regidores), Bartolomé Gay, Diego de Ortega, Pedro de la Cámara, Antonio Higuero, Bonoso de Amor, Alonso Manuel García, y Antonio Ximénez. “Todos dichos señores municipales de la Primera División” (así los llamaban) deberían nombrar entre todos a un corregidor y a dos regidores para el año que viene; la votación sería secreta. Los resultados de la elección fueron:
Para corregidor a Julián Becerra.
Para primer regidor a Bonoso de Amor
Para segundo regidor a Bartolomé Gay
Los cargos los deberían ocupar a partir del primero de enero. También se remitió el resultado de la votación al señor Prefecto del Departamento. (C 2 FOTO 99)
El 27 de Diciembre de 1811 se compran dos caballerías mulares para las brigadas a Pedro “Carraolo”, por 1500 reales, con la condición de que llevasen también su aparejo. Las dos que faltaban las vendió Juan Rodríguez, el corregidor del pueblo. El coste corrió a cargo de todos los vecinos… como siempre.
Como veis en la foto del margen, el 23 de diciembre de 1811, el Prefecto de Jaén aprueba los nombramientos de los cargos municipales para el año 1812.
El 31 de diciembre, las tres personas anteriores (corregidor y los dos regidores nombrados) juraron el cargo "por Dios Nuestro Señor e hicieron la señal de la Cruz”, atendiendo siempre a Dios y a su majestad (refiriéndose a José I).
El 1 de enero de 1812 se reúne la Junta de Gobierno en las Casas Consistoriales para nombrar a todos los  demás cargos habituales del ayuntamiento: Guardas del Campo, Junta del Pósito, Apreciadores del Concejo, Alguacil Mayor, Alcaldes de la Santa Hermandad, Depositario de Propios, Toldero de la sal, Apreciadores del Campo, Comisario de Fiestas y Fiel de “Fechos”. La mayoría no sabía escribir y firmaban los cargos con la señal de la cruz. (C 3 FOTO 4)
Uno de los cargos más importantes era el de Guarda del Campo, que fue otorgado a dos personas: Juan Vicente Armenteros y Miguel Peragón, cuya función será velar por los plantíos, heredades, sementeras, montes y dehesas de este término; con capacidad para poder denunciar todo lo que considerasen como delito.
El 10 de enero de 1812, D. José de Espiga pide de nuevo vecindad en Villardompardo, ya que tenía aquí mucha hacienda y necesitaba vivir en esta villa para atender a sus necesidades agrícolas. El 20 de enero se admite a dicho señor como vecino, pero debe participar en los repartimientos e impuestos que se pagan en esta municipalidad. Recordemos que el 27 de febrero de 1808 también la solicitó pero le fue denegada.(C 3 FOTO 7)
El 28 de enero de 1812 se reúne la Junta Municipal para atender una queja del conductor de correos. Resulta que como no llevaba escolta, estaba expuesto a ser insultado por los caminos y si algo le ocurría sería responsabilidad de este ayuntamiento, así que Pedro Calahorro, vecino de este pueblo, se ofreció a escoltar con su “caballería” a dicho conductor de correos. Todo se aprobó en el pleno de ese día. (C 3 FOTO 10)

COMIENZA LA DEFORESTACIÓN DE LOS MONTES Y DEHESAS DE VILLARDOMPARDO

En febrero de 1812, la Junta Municipal pide permiso al Señor Prefecto de esta provincia para talar numerosas encinas y chaparras de este término. Los peritos del campo habían dado una vuelta de reconocimiento y habían llegado a la conclusión de que era necesario entresacar, cortar y limpiar muchas encinas de algunos lugares como “La Vereda”, que en sus dos terceras partes se encontraban envejecidas, “ahonquilladas” y llenas de “escarcia”. De no ser así no podrían fructificar las más jóvenes. Por las mismas razones era necesario cortar la mitad de los árboles del “Barranco Rodrigo”, “El Chaparral” y la “Dehesa de Yeguas”. En marzo, el señor prefecto da permiso para dicha tala, pero con la condición de que los peritos del campo sean responsables y no se excedan en el número de árboles cortados. (C 3 FOTO 21)
El 1 de abril de 1812 D. Francisco de la Torre Cárdenas, perito de Jaén, junto con Alonso Gay y Manuel Becerra, peritos de esta vecindad, hacen un reconocimiento de estos montes y dehesas por orden del señor Prefecto de esta provincia, y certifican que han contado la cantidad de 4120 encinas y chaparras por un valor de 9545 reales de vellón. Tardaron treinta y un días en hacer dicho recuento. (C 3 FOTO 21)
El 20 de Abril de 1812, Francisco Balcarcel de Jaén y Juan Gordal de Torredonjimeno, cuyo fiador en Villardompardo era Manuel Becerra, aprovechan la mala situación del arbolado de este término para solicitar a la Junta Municipal, pagarle la cantidad de 2300 reales de vellón por cortar mil encinas y chaparras para hacer carbón. Dichas encinas se encontraban en el Monte, Dehesa de Yeguas y el Chaparral. Los árboles ya se habían marcado y estaban muy cerca de la linde con el término de Torredelcampo. Los carboneros pagarían este año 1000 reales al ayuntamiento y los 1300 restantes se abonarían a plazos. El municipio necesitaba dinero para sufragar los gastos de los suministros que enviaba a las tropas, y sus tierras comunales eran una fuente de ingresos rápida y fácil.
El 3 de Agosto de ese año, el ayuntamiento nombra a dos peritos del pueblo para que se haga un recuento de las encinas cortadas por orden del Prefecto de la provincia, sin contar las taladas anteriormente por los carboneros. Al día siguiente se presentan los peritos y declaran haber contado 1248 encinas y chaparras.
El tema de la conservación de los montes estaba muy vigilado. Para cortar encinas y chaparras había que pedir permisos que a veces tardaban meses en ser concedidos. Los montes comunales eran una fuente de riqueza para los ayuntamientos y vecinos, así que su cuidado era máximo. A partir de este momento comienza su deforestación y algunos años más tarde su expropiación y venta. Ya se verá en otros capítulos. (C 3 FOTO 77 traspapeladas antes de 1811)

OTRA VEZ EL CASO DEL SEÑOR ESPIGA

El 7 de Junio de 1812 se reúne la Junta Municipal para tratar de nuevo el asunto del señor D. José de Espiga, que había sido aceptado como vecino de este pueblo en el mes de enero pasado. Las condiciones habían sido que: debería instalarse en la localidad con toda su familia y tenía que dar todos los suministros que se le pidiesen: subsistencias, embargos, alojamientos…(se entiende que para las tropas francesas). Se le habían mandado notificaciones para que contribuyese con yeguas, carnes, embargos de grano, etc  y a nada había obedecido. Ante esta situación, el alguacil mayor le mandó una notificación para que en el plazo de quince días regularizase su residencia con la familia en Villardompardo, y contribuyera con todo lo que se le pidiera, de no ser así sería borrado de los libros de vecindad y considerado como un forastero hacendado más. Unos días más tarde, D. José de Espiga notificó al ayuntamiento que le era imposible instalarse en Villardompardo con su familia, así que solicitó vecindad en Porcuna donde se la concedieron. Debemos aclarar que D. José de Espiga era la tercera persona forastera con más hacienda en este término, valorada en 63.712 reales, después del Conde de Villardompardo y de D. Antonio de Torres, ambos forasteros. (C 3 FOTO 12)

UN CASO DE CORRUPCIÓN

En Julio de 1812, el Prefecto de Jaén (Manuel de Echazarreta) cesa de manera fulminante al corregidor, los dos regidores y al “Fiel de Fechos” de Villardompardo, parece ser que hubo algún problema con los fondos del Real Pósito de Villardompardo, pero no se especifica cuál. Los cesados serán sustituidos por Antonio Morillas como corregidor, Fernando de Moya como primer regidor, Antonio Ximénez como segundo regidor y a Juan José de Águila como “Fiel de Fechos”. También cesaron los miembros que formaban la Junta del Real Pósito y de Propios. El anterior Fiel de Fechos: Bernardo José de Armenteros, debería entregar al entrante (D. Juan José de Águila) todos los libros donde se anotaban los inventarios del Pósito, así como los demás papeles y documentos que poseía. Bernardo estuvo desaparecido durante varios días en Jaén, según decía su mujer. Al final no se dice nada de cómo se resolvió el problema y qué ocurrió exactamente con los fondos del Pósito. (C3 FOTOS 16,17,18)

ETAPA 3: FASE CONSTITUCIONAL EN EL AYUNTAMIENTO DE VILLARDOMPARDO

En septiembre de 1812 el ejército español, al mando del teniente Coronel Antonio María Porta, entra en Jaén acabando así la ocupación francesa en la ciudad. Desaparece la Prefectura del Guadalquivir Alto así como el sistema político y jurídico aplicado por los franceses. La represión con todos aquellos que habían colaborado en el sistema político de José I se hace muy evidente. Entra en vigor la Constitución de 1812, promulgada el 19 de marzo, y son cesados los cargos de las Juntas Municipales nombrados durante la ocupación francesa. (C 3 FOTO 24)
El 25 de octubre de 1812 se inicia el proceso de elección de los cargos concejiles para el nuevo ayuntamiento constitucional. Dichos cargos ocuparán sus oficios en lo que resta de año y para todo el siguiente de 1813. Esta elección se regirá según el Decreto CLXIII del 23 de mayo de 1812, que ordenaba lo siguiente: “los ayuntamientos constitucionales de aquellos pueblos con menos de 200 vecinos deberían estar constituidos por un alcalde, dos regidores y un procurador síndico”. La forma de nombrarlos sería la siguiente:
 Los vecinos que se hallen en el ejercicio de los derechos de ciudadano, se reunirían en el mes de diciembre de cada año para elegir a un grupo de nueve electores (en los pueblos que no lleguen a mil vecinos, como era el caso de Villardompardo) y estos electores deberían reunirse el día festivo más próximo, para deliberar y elegir a las personas más adecuadas para ocupar los cuatro cargos antes mencionados para el año siguiente. Como este año fue especial por la ocupación francesa, el proceso se inició mucho antes, en octubre.
En Villardompardo, el 25 de octubre, se reúnen un total de 55 personas en el ayuntamiento para votar a los nueve electores que posteriormente decidirán quiénes serán el alcalde, los dos corregidores y el procurador síndico. Estos nueve electores elegidos fueron: Manuel de Medina, Juan Rodríguez, Alonso Manuel García, José Domínguez, Gaspar de Domingo, Bernardo José de Armenteros (mayor), Fernando de Moya, Juan de Cuenca y Francisco Patricio García.
El 31 de octubre se decide la exclusión de este grupo de Bernardo José de Armenteros y Fernando de Moya, no se especifica el motivo, pero podría deberse a su participación en el ayuntamiento en la época de ocupación francesa o al problema que hubo con los fondos del Pósito unos meses antes. En su lugar se nombran a los dos siguientes en número de votos: Luis de Torres y Pedro Morillas.
Se decide que al día siguiente se reunirán a las diez de la mañana en las Casas Consistoriales para elegir al primer ayuntamiento constitucional de la historia.
El día 1 de Noviembre de 1812 se reúnen los nueve electores y cada uno elige al alcalde, regidor 1º, regidor 2º  y procurador síndico que cree más adecuado. Se hace el recuento y las personas ganadoras fueron:
Alcalde ordinario: Alonso Manuel García.
Regidor 1º: Manuel de Medina.
Regidor 2º: Gaspar de Domingo.
Procurador Síndico: Juan de Murcia. (C 3 FOTO 30)
Estos cuatro señores se vuelven a reunir el mismo día para nombrar a una gran cantidad de cargos: Secretario a Juan José de Águila, Alguacil Mayor a Francisco de Medina, Alcaldes del Campo a Juan Gay Casado y Juan de Alcalá, Apreciadores de los Bienes del Campo a Francisco García de Torres y Francisco Gay, para Comisario de fiestas a D. Juan Rafael de Anguita, para Procuradores de Pleitos a Juan de Morales y Atanasio Gutiérrez, también se nombraron a cuatro repartidores, toldero de la sal, Fiel de Fechos (que fue el secretario), depositario de los Bienes de Propios y Repartidor de la Santa Bula.

Muy interesante es el informe que aparece en enero de 1813 sobre los suministros que había proporcionado el pueblo de Villardompardo desde septiembre de 1812, fecha de entrada de las tropas españolas a esta provincia, hasta la fecha actual (12 de enero de 1813). De estos suministros se habían beneficiado: los almacenes de la ciudad de Jaén, la villa de Mengíbar, la casa de postas de Escañuela, caballerías y peones que diariamente se ocupan en el retén o la brigada de la ciudad de Jaén y al tránsito de las tropas por esta villa (es la primera vez que se habla claramente del paso de tropas por este pueblo, no se especifica nada más). El listado de los suministros es largo:
●Suministrado a los almacenes de Jaén
- Cuarenta fanegas de cebada a los almacenes de Jaén por un valor de 2.640 reales.
- Siete fanegas y cuatro celemines de habas a dichos almacenes por un valor de  753 reales.
- Cincuenta y seis arrobas y 22 libras de carne (precio ilegible)
- Hay algo ilegible.
- Cuatro fanegas y dos celemines de garbanzos por un valor de 833 reales.
- Ochenta y nueve arrobas de paja por 178 reales.
●Suministrado a la Villa de Mengíbar:
- 177 raciones de pan para la tercera división del cuarto “Exercito” por un valor de 312 reales.
- Una fanega de habas a dicho “Exército” por un valor de 100 reales.
- Cuatro arrobas y 18 libras de carne por un valor de 295 reales.
- Cuatro fanegas de cebada por un valor de 264 reales.
●Suministrado a la casa de postas de Escañuela:
- Once fanegas y tres celemines de cebada para los caballos de la casa de postas de Escañuela por un valor de 742 reales.
●Suministrado a las caballerías y peones de la Brigada de Jaén:
- Por cuatro caballerías y dos peones que esta villa ha mantenido en dicha brigada, ha suministrado cuatro fanegas de cebada para los caballos por 264 reales y para los peones 54 raciones de pan valoradas en 95 reales.
●Suministrado a las tropas que habían pasado por Villardompardo:
- 594 panes de a dos libras,  que equivalen a doce fanegas y tres celemines de trigo, valorados en 1.484 reales.

- 19 fanegas y diez celemines de cebada por un valor de 1.309 reales.
- 323 raciones de menestra fina por un valor de 230 reales.
- Tres arrobas de aceite “por haber faltado carne y Vacalado” por un valor de 270 reales.
- 143 raciones de aceite para “conducción de dispersos” para la Isla de León: 33 reales.
- Dos raciones de pan para dos soldados ingleses que han pasado por aquí: 3 reales.
- Dos raciones de vino para los mismos: 2 reales.
- Gasto de 43 reales de vellón en tres desertores.
-171 cuartillos de vino por un valor de 371 reales.
-375 libras de carne por un valor de 892 reales.
- Tres reales y 24 maravedíes por dos individuos en razón de “Etapa”
En total se suministraron productos por un valor de 14.595 reales para la subsistencia de las tropas españolas. Se dice en el informe que el ayuntamiento no había podido contribuir a dichos suministros por no tener medios, así que le había tocado hacerlo al vecindario que gustosamente contribuyó con lo que se le dijo. Supongo que lo de “gustosamente” sería un decir. (C 3 FOTO 35)
El 7 de febrero de 1813, el maestro de primeras letras D. José Gabriel Ximénez de Torredelcampo, solicita al ayuntamiento Constitucional de Villardompardo ocupar la plaza de maestro en esta villa, ya que así lo recomendaba la constitución. El ayuntamiento lo aprueba y fija su asignación en 300 reales, más los 500 reales que tenía asignados el Marqués de Bélgida al maestro de la villa, además de lo que cada niño debería pagarle mensualmente. (C 3 FOTO 32)
En diciembre de 1813 se reúnen 44 personas para seguir el mismo proceso de elección para el ayuntamiento que en octubre de 1812. Había que elegir a los nueve vocales que luego votarán a los componentes del ayuntamiento constitucional para 1814 (el segundo de la historia). Estos nueve vocales fueron: Antonio Alcalá, Cristóbal García, Antonio Ximénez, Fernando de Moya, Antonio Morillas, Antonio Higuero, José de Moya, Francisco Patricio García y Juan Rodrigo García. Se reúnen el 30 de diciembre y cada uno de los nueve vota a un alcalde, un regidor (sólo se renovaba a uno de los dos regidores de la villa, Manuel de Medina continuaría) y a un síndico.
Los elegidos fueron:
Para alcalde Antonio Morillas con cinco votos.
Para regidor  Antonio Ximénez con sólo dos votos.
Para síndico Juan Rodríguez, no se especifica el número de votos. (C3 FOTOS 45,46,47,48,49,50)
El 2 de enero de 1814 se reúnen los cargos anteriores para nombrar a todos los demás oficios del ayuntamiento, como ocurrió a finales de 1812. (C 3 FOTO 50)
En Marzo de 1814 continuaba la corta de encinas en el monte y surgieron ciertos desórdenes, ya que muchos vecinos traían leña de encina sin permiso, así que fue necesario imponer multas para evitarlo. (C 3 FOTO 51)

FIN DE LA GUERRA Y VUELTA AL ABSOLUTISMO

 En julio de 1812 el duque de Wellington, al mando de un ejército anglohispano, expulsó a los franceses de Andalucía. La desastrosa campaña de Napoleón contra Rusia, hizo necesaria la retirada de buena parte de las tropas francesas de la Península Ibérica para apoyar al frente ruso. Además debemos tener en cuenta el enorme desgaste que supuso para las tropas francesas la intervención de las guerrillas españolas dispersas por todo el territorio nacional. Por fin el 31 de agosto de 1813 el ejército hispano-luso-británico, al mando de Wellington, derrotó a los franceses en la batalla de San Marcial, en la misma frontera del Bidasoa, expulsándolos definitivamente de España.
Fernando VII y algunos miembros de la familia real, estuvieron los seis años de guerra recluidos en el Castillo de Valençay, en el centro de Francia, por orden de Napoleón. Fernando VII se comportó en aquellos años como un adulador vergonzoso del Emperador (así lo reconoció el mismo Napoleón). En diciembre de 1813 se firma el Tratado de Valençay  por el que  Napoleón, ya derrotado, reconoce como Rey de España a Fernando VII devolviéndole todos sus territorios y propiedades anteriores a 1808.
 El 7 de marzo de 1814 se le concede el pasaporte al rey y el 14 del mismo mes sale de Valençay. Siguió un extraño itinerario para evitar jurar la Constitución Española, y el 16 de abril llegó a Valencia, donde un grupo de 69 diputados absolutistas de las Cortes, le presentó un documento conocido históricamente como “El Manifiesto de los Persas” (foto del margen) que propugnaba la derogación de las Cortes de Cádiz y la vuelta al absolutismo. El 4 de mayo de 1814 el rey Fernando promulga un decreto por el que quedan derogadas las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812, restableciendo la Monarquía Absoluta e iniciándose la persecución y destierro de los liberales por todo el territorio. Así acaba la primera oportunidad que tuvo este país de convertirse en un país moderno. Muchos apoyaron esta iniciativa, entre ellos la nobleza que recuperó los privilegios que tuvo en el antiguo régimen. Sin ir más lejos, el conde de Villardompardo recuperó sus privilegios en esta villa, excepto la elección de los cargos del ayuntamiento que se realizarían desde la Chancillería de Granada, tras estudiar la propuesta que se enviaba desde Villardompardo.
El 30 de agosto de 1814 se reúnen los señores que componen el ilustre ayuntamiento de Villardompardo para cumplir la Real Cédula de su majestad del 30 de Julio de ese mismo año. En esta Real Cédula se ordenaba la disolución de los ayuntamientos constitucionales y que se citen a los individuos que componían el ayuntamiento antes del 18 de marzo de 1808 para que ocupen los cargos que ejercían en aquel año, si faltaba alguno debería de sustituirse por el que se considerase más adecuado. Así que los cargos del primer ayuntamiento de esta nueva etapa absolutista fueron:
- Alcaldes ordinarios: Juan Gay de Oca, como Diego de Ortega ya había muerto, se nombró a Juan de Cuenca.
- Diputados de abastos: Manuel José de Moya y Francisco Patricio García.
- Para regidores: Francisco Gay, José de Rísquez  y Juan de Murcia.
- Procurador Síndico del Común: Atanasio Gutiérrez.
- Alguacil Mayor: Francisco de Medina
Esta propuesta fue enviada a la Real Chancillería de Granada para que desde allí se diera su aprobación. (C 3 FOTOS 36,37,38)

FALLECIMIENTOS EN VILLARDOMPARDO DURANTE EL TRANSCURSO DE LA GUERRA

No se dice nada en las actas capitulares sobre el padecimiento de la población civil durante la guerra, pero es lógico pensar que lo debieron de pasar bastante mal. El hecho de tener que pagar con suministros a los diferentes ejércitos, provocaría escasez y hambrunas en la población, sobre todo en las familias más desfavorecidas. La única forma de averiguar este padecimiento es contabilizando el número de entierros en los libros sacramentales del Archivo Parroquial de Villardompardo.
En la tabla y gráfica de barras adjuntas, podemos comprobar como aumenta bastante el número de fallecimientos en los años 1811, 1812 y 1813, tanto en adultos como en niños (párvulos). Además observamos un gran descenso de los mismos en el 1814, cuando acaba la guerra.
La coincidencia del aumento del número de muertes con los años de guerra, confirmarían que este incremento en los fallecimientos sería una consecuencia directa del conflicto bélico.
        
FUENTES CONSULTADAS

-          Archivo Histórico Municipal de Villardompardo. Tomo IV de las Actas Capitulares.
-          Archivo Parroquial de la Iglesia de Villardompardo. Libro de Bautismos de esa época.
-          Diversas páginas de internet sobre Historia de España.
-          Relatos de algunas personas del pueblo, en este caso Atanasio Jiménez.

ACLARACIÓN: La extensión de este capítulo se debe a la gran cantidad de información encontrada en las Actas Capitulares del ayuntamiento de Villardompardo durante la Guerra de la Independencia. No me ha parecido correcto dividirlo en dos o en tres, ya que perdería continuidad.

                                                                                                                              Carlos Ramírez Perea












martes, 2 de agosto de 2016

CAPITULO XI
HISTORIA DE VILLARDOMPARDO Y SUS PERSONAJES

E
n las últimas publicaciones, no hemos seguido el orden cronológico que llevábamos en anteriores capítulos de la “Historia de Villardompardo”, el motivo ha sido el descubrimiento de algunos  acontecimientos curiosos que merecía la pena contar, como: “El Convento de la Virgen de Atocha”,  “la Guerra de los Moriscos” o “Cervantes a su paso por Villardompardo”.
A partir de este capítulo XI retomaremos de nuevo ese orden cronológico, comenzando por donde nos quedamos en el capítulo X. Así que empezaremos en el año 1800 y acabaremos en el 1808, año en el que comienza la Guerra de la Independencia contra Napoleón.
Fue una época muy complicada a nivel europeo, ya que Napoleón invadía buena parte del continente provocando guerras y penurias, aunque también extendió las ideas de la Revolución Francesa por toda Europa.

En España gobernaba Carlos IV (1788-1808) y su reinado se vio impactado por la Revolución Francesa y por el ascenso de Napoleón al poder. La ejecución en la guillotina del rey francés Luis XVI, obligó a la corona española a declarar la guerra a la Francia revolucionaria (Guerra de la Convención, entre 1793 y 1795) que supuso una enorme derrota para las tropas españolas. En 1796 Carlos IV y su ministro Godoy, dan un giro total a su política y se alían con Francia en contra de Gran Bretaña, esta alianza traerá como consecuencia otra gran derrota para España en la Batalla de Trafalgar (1805). Estas guerras provocarán una crisis en la Hacienda Real y el descontento del pueblo, que más tarde desembocará en una gran manifestación popular preparada por el mismo heredero al trono frente al palacio de Aranjuez (Motín de Aranjuez, entre el 17 y 19 de marzo de 1808). Carlos IV se vio obligado a destituir y encarcelar a Godoy, además abdica en favor de su hijo Fernando VII.
Dos meses más tarde, Napoleón llama a Carlos IV, Fernando VII, Godoy (que sale de la cárcel) y el resto de la corte, a  la ciudad francesa de Bayona, donde son obligados a abdicar y renunciar a sus derechos dinásticos. Napoleón cede la corona española a su hermano José Bonaparte, que reinará como José I.
Cuando el 2 de Mayo de 1808 el pueblo de Madrid se entera de los acontecimientos, estalla una revuelta popular que dará comienzo a la Guerra de la Independencia contra la ocupación francesa en España, y que durará hasta 1814.
El resto de acontecimientos los contaremos en el siguiente capítulo.

Por aquella época, el Conde de Villardompardo era D. Juan de la Cruz Belvís de Moncada y Pizarro, que nació el 4 de diciembre de 1756  en Madrid y murió el 20 de octubre de 1835, con 78 años de edad. Este señor sería el XI Conde de Villardompardo, además de una larguísima lista de títulos que heredó de sus padres.
Fue un absolutista convencido, que estuvo en Cádiz durante la guerra contra Napoleón. Fue depuesto de sus cargos en el Trienio Liberal y repuesto al acabar dicho trienio, jubilándose de sus cargos en 1833, poco antes de la muerte del rey.
Como hemos comentado en capítulos anteriores, Villardompardo era un Señorío Jurisdiccional, es decir, el Conde era el encargado de nombrar cada año los cargos más importantes del ayuntamiento, además de otros muchos privilegios como el uso obligatorio de su molino y su horno por el resto del pueblo.
El Concejo proponía a finales de año un grupo de personas que ocuparían los cargos para el año siguiente, siempre se hacía una propuesta doble, y el conde elegía a los que mejor le parecían. Como no conocía a nadie personalmente, siempre elegía a los de la primera propuesta.

LAS ACTAS CAPITULARES A PARTIR DE 1800

Los cargos concejiles fueron nombrados por el conde el 17 de Diciembre de 1799 para que ejercieran sus oficios a partir del 6 Enero de 1800. En este día se reúnen en las “Casas Capitulares” (ayuntamiento) los cargos salientes y entrantes. A los alcaldes entrantes se les entregaba el bastón de mando y juraban su cargo, y así todos los demás. Los nombrados fueron los siguientes:
Para alcaldes ordinarios a Pedro Becerra y Antonio Ximénez (Jiménez), para Regidores a Francisco Patricio García, Juan de Ortega y Francisco Gómez Morillas, para alcaldes del campo a Manuel de Jesús Garrido y Francisco Gay Moya, para apreciadores a Julián Becerra y Miguel de Rísquez Úbeda y para Padre General de Menores a Juan Antonio Gómez. Estas personas votaron más tarde a un Diputado, que salió elegido Bernardo José Armenteros, y un Síndico del Común: Bonoso de Amor.
El día siguiente, 7 de Enero, los elegidos se volvieron a reunir para nombrar a los componentes de la Junta de Propios, Junta del Pósito, Comisario de Fiestas, Procuradores de Pleitos, Depositario del papel sellado, Repartidor de la Bula y Toldero de la Sal. A estos cargos podían pertenecer algunos de los ya nombrados en oficios anteriores u otras personas.
Los ciudadanos que ocupaban estos oficios eran todos varones, mayores de 25 años y con cierto nivel socioeconómico, así que en un pueblo tan pequeño, una buena parte de las personas que cumplían estos requisitos ocupaban algún cargo en el municipio y era muy complicado renovarlos de un año para otro.

El 7 de marzo de 1800 se elabora una lista con los habitantes de Villardompardo y los forasteros que poseían propiedades en el pueblo o su término, acompañados del valor de su hacienda en Reales de Vellón, con el fin de pagar de manera proporcional los 300 millones “mandados formar por su Majestad” (se entiende que era a repartir por todo el país). Este listado es un auténtico reflejo socioeconómico del pueblo a principios del XIX. Cada número que aparece al lado del nombre, es el valor de sus posesiones. De él obtenemos conclusiones muy curiosas:


El total del valor de todas las haciendas (posesiones) tanto de habitantes del pueblo como de forasteros, ascendía a 1.470.777 Reales de Vellón. Podemos concluir que en general los vecinos del pueblo eran mucho más humildes que los forasteros, a juzgar por el valor de las posesiones de unos y otros. Entre todos destacaba el Conde de Villardompardo, con un valor de sus posesiones muy por encima de los demás. Sin embargo, la nobleza estaba exenta de pagar impuestos, al igual que la iglesia, así que no me explico que hace aquí el nombre del Conde y el Marqués del Cadimbo (el último).
El listado anterior fue elaborado por los dos alcaldes ordinarios ya nombrados, y el Prior de la iglesia de Villardompardo: D. Juan Francisco Colmenero. Este último sería quien realmente lo haría  porque los dos alcaldes ordinarios no “veían escribir”.
El 1 de Junio de 1800 se reúnen los miembros del Cabildo para nombrar a D. Francisco de Gálvez y León como médico de la Villa. Las condiciones fueron las siguientes:
- Debería permanecer en esta Villa durante al menos un año y asistir a sus vecinos enfermos. Este tiempo se podría prorrogar si el médico y los vecinos estaban satisfechos.
- Cobraría trescientos ducados anuales pagados por los vecinos, esa paga la recibiría en tres partes. También se le cederían dos cuerdas de tierra de buena calidad.
- Podría visitar enfermos de otros pueblos, siempre que en Villardompardo no hubiese alguien urgente.
 El 1 de Diciembre 1800 se reúnen los cargos del ayuntamiento para cumplir una orden del Señor Intendente de la Ciudad de Jaén. Dicha orden obligaba a cultivar una parte de la “Dehesa Rasa” para el sustento de algunos vecinos. Dicha porción debería ser repartida en “suertes” entre ellos. La otra parte de la dehesa llamada “El Chaparral” debería quedar como pasto para el ganado.
Poco antes, el 27 de octubre de 1800, Carlos IV había promulgado una Ordenanza para el anual reemplazo del “Exército”, con la que se vuelven a fijar entre otros asuntos:
- El modo de formar y rectificar el padrón del vecindario de los pueblos para el servicio del reemplazo del “Exército”.
- El modo de hacer las Justicias el alistamiento de todos los mozos.
- Modo de rectificarlo en el Ayuntamiento y de medir a los mozos para el desecho de los inútiles.
- Las formalidades que han de observarse en el acto del sorteo para el juicio de excepciones de los mozos alistados.
- Los exentos del sorteo para el servicio del reemplazo; el encantaramiento de las bolas, sorteo y personas que han de asistir a él.
- La prohibición de poner substituto los sorteados.
- Modo de proceder contra los prófugos del sorteo, así como su pena y de los que les auxiliaren.
- El destino de los quintos de una provincia o partido a un mismo cuerpo y su conducción a los Regimientos.
Por este motivo de elegir a los quintos, se elabora la siguiente lista del vecindario que difiere bastante de la anterior, ya que en ésta aparecen todos los vecinos y en la anterior sólo los que poseían algún bien.
Este padrón, con 154 vecinos, se presentó en el ayuntamiento el 30 de Marzo de 1801 y fue realizado por una comisión formada por Antonio Ximénez, Juan José de Águila y el Prior de la Iglesia de Villardompardo: D. Juan Francisco Colmenero. El 31 de Marzo de 1801 fue aprobado en un pleno del ayuntamiento al comprobar que no faltaba ningún vecino. También se hace constar que no hay ningún “Hijo Dalgo” (hidalgo) que gozase de exención alguna.
El 7 de Abril, el Padrón es remitido  al Señor Corregidor de Jaén. El acta es firmada por el escribano (secretario) D. Bernardo de Domingo Arranz (vivía en la casa de Ramón Prados).
En 1802 no aparece nada interesante, sólo los nombramientos y juramentos de los cargos concejiles realizados como era costumbre.

En
En
En 1803 el escribano nos regala esta buena caligrafía para celebrar la entrada de año, la mayor parte de las actas se refieren igualmente a nombramientos de los cargos concejiles y sus juramentos en las tomas de posesión. El 2 de Febrero podríamos destacar el nombramiento como médico del pueblo a D. Sebastián de Cabrera y Ruiz, era también medico titular de Torredonjimeno. Las condiciones eran que el citado D. Sebastián debería visitar a los enfermos de esta villa una vez a la semana por el plazo de un año, el sueldo sería de trescientos treinta Reales (seguro que serían ducados), y el contrato se podría prorrogar otro año más si ambas partes estuviesen de acuerdo.
Otro acuerdo curioso fue el siguiente: Antonio Morillas poseía un “caballo padre” sano y apto para la monta de yeguas, así que el 27 de marzo, en un pleno del ayuntamiento, se llega al acuerdo de que cada propietario de yeguas que deseara que su animal fuese montado por dicho caballo, debería pagarle 70 reales.
En el año 1804 el señor conde envía desde Madrid el documento de todos los años, mitad impreso y mitad manuscrito, nombrando los cargos concejiles. En otro documento diferente se envía el de Alguacil Mayor, que este año recayó en Juan Rodríguez. En un pleno del 21 de Enero se realiza la ceremonia de entrega de bastones de los cargos salientes a los entrantes, y se les toma juramento. En otros plenos se nombran a otros cargos en los que no intervenía directamente el conde. Hubo un problema al nombrar como Síndico Personero a Jerónimo de Gámez, ya que éste tenía un pleito pendiente con el ayuntamiento.
El 22 de Enero de 1804 se reúne el pleno del ayuntamiento con el fin de contratar a un nuevo médico, ya que el año obligatorio del anterior doctor (D. Sebastián) ya estaba cercano a concluir. El nuevo médico titulado sería D. Cristóbal Cáliz. Hacemos mención a este acuerdo porque vienen muy bien especificadas las condiciones del contrato. Eran las siguientes:
-          Se le debería pagar quinientos ducados al año menos ciento cincuenta y seis reales.
-          De esa cantidad, dos mil doscientos reales los debería pagar el Reglamento de Propios (el ayuntamiento) y los tres mil ciento cuarenta y cuatro restantes los pagarían los vecinos mediante un sistema llamado Igualas. Estas iguales las cobrarían las justicias del pueblo en tres plazos y el dinero recaudado se lo llevarían al médico.
-          Si el médico se establecía en el pueblo, habría que pagarle además otros ochocientos reales de vellón.
El sistema monetario no era decimal, por lo que era difícil calcular las equivalencias, ya que un real equivalía a 34 maravedís y un ducado a 375 maravedís. Así que un ducado eran 11 reales (casi tres antiguas pesetas). Para hacernos una idea, el médico pedía 1336 pesetas anuales, es decir, algo más de 8 Euros actuales.
Las igualas era una cantidad de dinero que cada vecino debería pagar al médico para que pudiese ser atendido en caso de enfermedad, pero no era algo obligatorio. Lo podríamos comparar con “un seguro médico” actual. Por este motivo, se hace una lista con todo el vecindario (ya es el tercer listado en lo que va de siglo) con una cantidad anotada al lado de cada uno, imagino que es lo que tendría que pagar. No todos contribuían con igual cantidad, por ello deduzco que cada vecino pagaría en función de su riqueza. La cantidad más pequeña que aparece es de 4 reales y la mayor de 40 reales, muy pocas personas decidieron no pagar. En la foto tenéis un detalle de ese listado.

DESLINDE ENTRE LOS TÉRMINOS DE VILLARDOMPARDO Y TORREDELCAMPO.
Con este apartado no pretendo abrir viejas rencillas entre dos pueblos vecinos y más aún si tenemos en cuenta que todo acabó en 1932, después de 128 años de desacuerdos y malos entendidos. Antes de nada, quisiera agradecer al ayuntamiento de Torredelcampo su colaboración al enviar al de Villardompardo toda la información que poseía respecto al deslinde de ambos términos.
Todo comenzó el 10 de Junio de 1804, cuando Torredelcampo consiguió la independencia de Jaén por Carta Ejecutoria de S.M. Carlos IV. En esa misma fecha se nombra a D. Joaquín de Guzmán el Bueno y Sánchez Barrero, como Juez para el señalamiento y amojonamiento del territorio que correspondía a Torredelcampo, para ello se citó a los señores componentes del ayuntamiento de Villardompardo: regidores, síndico, diputado del común, alguacil mayor y escribano.
 El deslinde se llevó a cabo entre el 12 y 13 de Julio de 1804 atendiendo a unos documentos que poseía Torredelcampo sobre el antiguo término. A partir del “Cerro la Zahúrda”, la comisión de Villardompardo expresó su disconformidad, y en ese momento se le pidió documentación que avalara el deslinde que proponía nuestro pueblo, pero carecían de ella, así que se continuó con la labor atendiendo a los documentos que poseía Torredelcampo. Cuando acabó el proceso, D. Domingo de Izaguirre levantó acta. La comisión de Villardompardo sólo se limitó a esa protesta verbal, pero no consta que dicha protesta se hiciese por escrito, además, todos firmaron el acta. El 17 del mismo mes, el juez da por concluido el deslinde y otorga a las autoridades de Torredelcampo la posesión real, actual, civil y natural de dicho término.
A partir de este momento comienzan los problemas para Villardompardo, ya que al no presentar su protesta por escrito y  firmar el acta, ésta servirá como antecedente para otros deslindes que se hicieron en épocas posteriores, atendiendo a las distintas leyes que fueron apareciendo a lo largo de la historia, como veremos en siguientes capítulos.
No sabemos de dónde sacó Torredelcampo los documentos antiguos que hablaban sobre los límites del término con Villardompardo. En nuestro pueblo parece ser que no existían papeles que certificaran dichos límites, sólo se sabían por tradición. Al no poseer copia de ese acta de 1804, no podemos afirmar nada con rotundidad.
En 1874 se procedió a un nuevo deslinde entre los dos pueblos atendiendo a nuevas leyes. Este deslinde fue el mismo que el de 1804 y la protesta de Villardompardo fue idéntica, pero de ello hablaremos en otros capítulos.

En el mes de Noviembre de 1804, el conde de Villardompardo envía al ayuntamiento la carta fotografiada al margen, firmada de su puño y letra, advirtiendo al concejo la necesidad de mandar a primeros de Diciembre los nombres de las personas que deberían ocupar los diferentes puestos  concejiles para el año siguiente, con el fin de hacer la elección con tiempo suficiente, no como otros años que se había remitido demasiado tarde.
El 19 de Diciembre de ese año se remiten al señor conde la propuesta de cargos concejiles para 1805.
En 1805 todo es igual, sólo hay un problema en el mes de Julio con el abastecedor del jabón, que era Manuel Rodríguez, vecino de Torredelcampo. Parece ser que no cumplía con su obligación, así que se le llamó la atención y se le “envió recado” para que no faltase jabón en el pueblo.

INAUGURACIÓN DEL CEMENTERIO DE LA VIRGEN DE ATOCHA

El primer intento de ubicar los cementerios fuera de los muros de las parroquias surge el 3 de abril de 1787, cuando se ordena mediante una Real Cédula dictada pos Carlos III, la construcción de los cementerios en lugares ventilados y cercanos a las iglesias. Su fin era evitar los malos olores  en su interior y la transmisión de epidemias. Esta normativa no se cumplió en la mayoría de los lugares, ya que era muy difícil convencer a una población tan aferrada a sus costumbres, de los problemas de salud que suponía enterrar a sus difuntos en un lugar cerrado y donde diariamente acudía mucha gente. Habrá que esperar al reinado de su hijo Carlos IV para que el 26 de abril de 1804, en una circular y utilizando mucho ingenio, diga que: “no se pueden convertir los templos, que son la casa de Dios, en depósitos de pudredumbre y corrupción”.
La normativa de Carlos IV para construir los cementerios fuera de las iglesias debería de cumplir una serie de requisitos, como por ejemplo:
Levantar a su alrededor un muro lo suficientemente alto como para impedir la entrada de animales o personas que pudiesen ocasionar actos de profanación.
Los cementerios deberían ser levantados en lugares ventilados, fuera del poblado, y donde no hubiese aguas subterráneas que pudieran ser contaminadas por los cadáveres.
Aprovechar las ermitas que hubiesen en las afueras de los pueblos como capillas cementeriales.
En Villardompardo había dos lugares que cumplían claramente todos esos requisitos: uno era la ermita de la Virgen de Atocha y el otro la ermita de San Antonio de Padua, situada al comienzo del camino de San Antonio. Sin duda se eligió la ermita de la Virgen de Atocha por dos motivos: en primer lugar por la cercanía a la iglesia parroquial y en segundo lugar por poseer la iglesia una parcela de un celemín de tierra contigua a la ermita. En aquellas fechas la Virgen de Atocha se encontraba aislada de la población, aunque bastante cerca del núcleo urbano. Existían casas enfrente de la ermita, pero desde ella hasta el castillo era terreno de cultivo y cercados para los bueyes* (toda esa zona se llamaba “El Campillo”).
Atendiendo al testimonio de algunas personas mayores que aseguran lo frecuente que era encontrar
restos humanos por los corrales de esa zona, y trazando un terreno equivalente a un celemín sobre ellos, podríamos aproximarnos a la localización del antiguo cementerio (foto del margen).
 No he encontrado ningún documento claro de la fecha de su inauguración, sólo un cambio en el acta de defunción de la menor “Manuela Ortega” donde  se dice claramente que fue enterrada en el cementerio el día 27 de Agosto de 1805 (foto de abajo). Todas las actas de defunción anteriores a
esta fecha hablan del entierro del difunto en la “Fábrica de la Iglesia”, se refiere al interior del templo. Este cementerio no duraría mucho tiempo, seguramente por la cercanía al pueblo y a la necesidad de expandir el casco urbano hacia toda esa zona. En un plano de 1890 se ve como, a pesar de existir ya el cementerio viejo (cerca de la ermita de San Antonio), se hace un enorme “cerco” al cementerio ya inutilizado de Atocha, y el pueblo “se resiste” a crecer hacia ese lugar. Al final, la memoria colectiva se olvida de ello y se termina construyendo casas sobre él, esto ocurrirá en la década de los años 20 del siglo pasado.
*Los cercados para vacas y bueyes se llamaban tinados o tinaos y eran muy abundantes en aquella época.

En 1806 sólo aparece el nombramiento de los cargos concejiles y del alguacil mayor, que sigue siendo Juan Rodríguez.
En 1807 igual, nombramiento de cargos concejiles y alguacil mayor, esta vez se nombra a Juan de Alcalá.
 El 13 de Agosto se reúne el concejo de la villa para contratar como médico a D. Vicente Roldán, médico titular de Torredonjimeno. Las condiciones eran que tenía que venir dos veces por semana en los meses de invierno, y tres veces en los meses de Agosto, Septiembre y Octubre. Se le pagarían 1700 reales procedentes de la igualas de los vecinos, que se las cobrarían de una vez en Agosto, y 2200 de la Dotación de Propios (ayuntamiento). Si tenía que venir a una urgencia desde Torredonjimeno, el médico asumiría el gasto y manutención de sus caballerías.
El 13 de Octubre de ese año se recibe una orden del señor intendente de Jaén, para que se nombre en el pueblo una comisión que cobre el impuesto de cuatro maravedís por cada cuartillo de vino de consumo, que debía pagar este pueblo cada año a su Majestad.
El 10 de Noviembre de ese año se reúne el concejo para cumplir una orden enviada el 17 de Octubre por el Señor D. Manuel de Asprer, intendente de la ciudad de Jaén. La orden era nombrar a una comisión para informar de los ganados y yuntas de labor que había en el pueblo. Sin duda soplaban vientos de guerra y esta información era importantísima. No disponemos de ese informe sobre el ganado, que sería muy curioso.
Debemos tener en cuenta que el 27 de Octubre de 1807 se firma el Tratado de Fontainebleau entre España y Francia, según el cual se dejaría paso libre a las tropas francesas por territorio español, con el fin de invadir Portugal y repartirlo entre ambos estados. España también contribuiría a la manutención del ejército francés y a su apoyo logístico, de ahí la importancia de saber el número de animales para alimento y carga con los que se podría disponer en todo el territorio nacional, siendo el preludio de la Guerra de la Independencia que contaremos íntegramente en el siguiente capítulo.

FUENTES CONSULTADAS
- Actas Capitulares de esa época. Archivo Histórico del Ayuntamiento de Villardompardo.
- Actas de defunción del Archivo de la Iglesia Parroquial de Villardompardo.
- Documentos judiciales sobre el deslinde entre los términos municipales de Villardompardo y  Torredelcampo.
- Diversas páginas de internet sobre historia de España.
- Relatos de algunas personas mayores sobre el cementerio de Atocha y su ubicación.

                                                                                                                        Carlos Ramírez Perea 
“DE OCA”, HISTORIA DE UN APELLIDO Y DE UNA MUJER AFORTUNADA.

Mi curiosidad sobre el apellido “de Oca” surge  a partir de la historia de una señora llamada María Soledad Fernández de Oca. El relato me lo contaron Mª Pepa Gómez y Soledad Domínguez (tataranietas de ella). A partir de aquí comenzamos a investigar el origen del curioso apellido en los archivos parroquiales de Villardompardo.
Todo comenzó con Manuel de Oca, natural de la ciudad de Andújar, casado con Juana de Mérida. Debió llegar a nuestra localidad entre 1731 y 1748 y ya tenía tres hijos: un hijo mayor llamado Rafael de Oca de Mérida, nacido sobre el 1725; una hija  de la que desconocemos su nombre y que debió nacer alrededor de 1726; y un hijo menor llamado Benito de Oca de Mérida, que nacería alrededor de 1731. Sabemos que en 1751 Manuel de Oca ya tenía 55 años y ocupaba el puesto de Sacristán Mayor en la iglesia Parroquial de la Concepción de María Santísima de Villardompardo (así la llamaban en aquella época). Cobraba por ello doce fanegas de trigo anuales, además de 132 reales al año como salario y 220 reales por emolumentos de entierros, velas y fiestas. Vivía en una casa propiedad de la iglesia en la calle del Llano (actual Virgen de la Cabeza), dos casas más abajo de la Caja Rural. Convivía con su esposa Juana de Mérida, de 60 años, su hija soltera de 25 años, un sobrino huérfano de ocho años, llamado Alonso de Oca, y un señor llamado Fernando Cazalilla que era zapatero.
 A partir de aquí sólo seguiremos la sucesión del hijo menor Benito, que hereda de su padre el oficio de Sacristán Mayor. De esta persona desciende Mª Soledad Fernández de Oca.
Benito de Oca se casa en primeras nupcias con Rosa de Contreras, señora mayor con quién no tiene hijos pero hereda importantes propiedades. En segundas nupcias se casa con  Josefa Antonia (desconozco los apellidos), fruto de este segundo matrimonio nacen al menos cinco hijos: Sebastiana, Clara, Francisca, Mª Dolores y el único varón Manuel de Oca (igual que su abuelo). Manuel se casó con Ana Sabina de Cárdenas y tuvieron como hija a Josefa de Oca.
Josefa de Oca se casa con José María Fernández y fruto del matrimonio nace María Soledad Fernández de Oca que fue bautizada con solemnidad  el  4 de Junio de 1828 en la Iglesia Parroquial de Villardompardo.
Soledad se casa con Juan Antonio Gómez (éste nace en 1829 y fue alcalde del pueblo en 1869) y poseían una tienda en la casa donde vivían.
Un día fueron a Jaén con la intención de comprar género para la tienda, y unos vecinos del pueblo le encargaron un décimo de lotería. Una vez en Jaén, compraron la lotería del encargo y otro décimo para ellos, pero no del mismo número porque por lo visto no quedaban más. Después de un tiempo, volvieron a la capital a comprar más género y de paso se llegaron a la administración de lotería. Cuál fue su sorpresa al comprobar que su billete estaba premiado, no sabemos la cantidad, lo que sí ha trascendido es que se lo pagaron en duros de plata de Amadeo I. La cantidad de monedas fue tal que las tuvieron que guardar en una talega y en el pañuelo del pelo que llevaba Soledad. Asustados por la cantidad de dinero del premio, se volvieron al pueblo sin hacer la compra. Algunas de esas monedas fueron regaladas como recuerdo a sus hijos, y un descendiente aún conserva la moneda de la foto anterior.
Con el tiempo, el premio fue invertido en comprar propiedades y en montar una fonda donde Soledad sería la cocinera, ya que se le daba muy bien la cocina. Nos dicen que la fonda se instaló en la casa que fue de Manuela Torres, en la calle los Molinos, pero es más probable que la montaran en la casa donde ellos vivían, donde estuvo el Bar Cerrillo hace unos años. María Soledad muere de gastroenteritis el  1 de Agosto de 1905 a los 78 años de edad, en su domicilio de la Calle Los Molinos. La foto restaurada de abajo, debe de ser muy antigua porque ella aún aparece joven y nació en 1828. Podría ser de alrededor de 1850-60 . A partir de 1851 se inventa una técnica fotográfica llamada "Colodión húmedo" que permitía hacer fotos en la misma casa y revelarlas allí mismo, así que la foto podría ser de esa década (su vestimenta recuerda a las mujeres del oeste americano)


Juan Antonio Gómez y Maria Soledad Fernández de Oca tuvieron cuatro hijos, todos ellos se casaron y tuvieron descendencia. Estos hijos fueron:
●Ana Gómez Fernández, que se casó con Antonio María Serrano. De este matrimonio nacerían 6 hijos (nietos de Soledad), todos se casaron y tuvieron  21 hijos en total (21 biznietos de Soledad)
●José Gómez Fernández (fue secretario del ayuntamiento en los años 20), casado con María Francisca Ortega Béjar. De este matrimonio nacerían 3 hijos (nietos de Soledad), dos de ellos se casaron y tuvieron 7 hijos en total (7 biznietos de Soledad)
●Juan Antonio Gómez Fernández, que se casó con María Pérez. De este matrimonio nacerían dos hijos (nietos de Soledad), los dos se casaron y tuvieron 3 hijos en total (3 biznietos de Soledad)
●Francisco Gómez Fernández, que se casó con Rosario Ortega. De este matrimonio nacerían 5 hijos (nietos de Soledad), cuatro de ellos se casaron y tuvieron 10 hijos en total (10 biznietos de Soledad)
En total Soledad tuvo 41 biznietos/as y  algunos/as de ellos todavía viven.
El número de tataranietos es muy alto, pero no se ha podido calcular porque algunas familias emigraron a otros lugares y no sabemos los hijos que tuvieron. Lo que sí podemos afirmar es que en Villardompardo viven muchos de ellos/as y algunas mujeres de su descendencia aún se llaman Soledad.

                                                                                                                               Carlos Ramírez Perea
FOTOS ANTIGUAS PUBLICADAS EN LAS CONTRAPORTADAS DEL PROGRAMA DE FIESTAS DE AGOSTO DE 2016. VILLARDOMPARDO
 Antes de existir las piscinas y el agua corriente, la mejor forma de refrescarse en verano era darse un buen baño en el “Salao”. Se hacía un remanso en un lugar adecuado y… ¡a bañarse en agua limpia!. Esta foto es la única que me han prestado de aquellos baños (quizás no exista otra), es de 1959 y está tomada en la zona del “Puente Nuevo” (puente de la carretera de Fuerte del Rey). De izquierda a derecha son: Fermín Béjar Delgado, Luis (hijo de D. Juan el practicante), Francisco Moya (fallecido), Vicente Álvaro Armenteros y  Antonio Ureña Bares, quien ha cedido la foto y ha reconocido a todos.
A mediados del siglo pasado existían en Villardompardo varias almazaras para molturar la aceituna. En el lugar donde hoy se ubica la Cooperativa “San Fco de Asís” se encontraba la “Fábrica de Bernal”. En el año 1953 o 54, los molineros de dicha fábrica se hicieron esta foto. De izquierda a derecha y en la fila de arriba tenemos a: Miguel Bueno, Juan de Dios Amor, Juan Ortega (hijo), Rafael Extremera, Manuel Cámara y Juan Armenteros. Fila de abajo: Vicente Amor, Manuel Benítez, Juan Ortega (padre) y José Calvache. Foto cedida por Manolo Amor Gutiérrez quien los ha reconocido a todos.